La Leyenda del Rey Monje

LA CAMPANA DE HUESCA

Óleo sobre lienzo. 356 x 474 cms. 1874-1880

Una vez más eldibujante.com os presenta una obra para perder la cabeza, y en esta caso nunca mejor dicho, uno de los más impactantes y aterradores cuadros de historia que se han producido en nuestro pais y que se refiere a una antiquísima y popular leyenda aragonesa, posíblemente cierta, aunque siempre es mejor que cada uno juzgue hasta qué punto. Porque lo que aquí nos trae hoy es el cuadro y, claro que contaremos de qué se trata lo que en él se pinta, pero sobre todo nos centraremos en la propia historia de su elaboración y de las consecuencias que tuvo en el arte español.

Jose Casado del Alisal fue un pintor castellano del siglo XIX, nacido en Villada, Palencia, hoy bastante desconocido, dado que se dedicó a la pintura histórica, que está de horas bajas en nuestro país. Don José fue primero discípulo de un compañero de Antonio López y luego de Madrazo, tenía una facilidad pasmosa para el dibujo pero su pintura siempre fue bastante fría, no en cuanto a colores, sino en lo referente a los mensajes que contenía. Sin embargo ésta que analizamos hoy es su gran obra maestra y siempre ha gustado mucho a los españoles, tanto por la truculencia y su soberbia factura técnica como por la capacidad de transmitir una sensación de pánico, pues si en alguna obra lo consigue es en este enorme lienzo que cuelga por fin en el Museo del Prado, desde su ampliación, aprovechando no solo que es propiedad del Museo, sino que años atrás apareció una copia de menor tamaño en Sudamérica, de factura del autor sin duda, que compró el gobierno de Aragón y que se cuelga en el Ayuntamiento de Huesca, donde antaño lo hizo el original.

La escena, que también podría llamarse “Para qué vamos a andarnos con chiquitas” representa el momento en el que Ramiro II de Aragón, apodado el Monje por haberse pasado casi toda su vida en un monasterio francés en el que le recluyó su padre, muestra a los nobles de su reino (al menos a los supervivientes) el resultado de una conspiración contra él mismo que había urdido el obispo de Huesca: La decapitación del grupo de rebeldes y la disposición de sus cabezas en un círculo en el suelo alrededor de la cabeza del obispo que cuelga de una maroma, a modo de badajo de una campana. En el primer enlace que aparece en este artículo podéis indagar más sobre la leyenda, cuestión que os recomiendo encarecidamente porque ello nos ayuda a ponernos en situación para juzgar la obra pictórica y porque nos enriquece cultural y humanísticamente.

En lo que se refiere a la técnica pictórica, el cuadro se divide en dos grandes zonas iluminadas con diferentes intensidades. En la parte derecha, más clara, los nobles aragoneses descienden por una escalera hasta la cripta y observan pasmados la terrorífica escena que se encuentran en ella. Es pasmosa la maestría técnica del pintor, no solo en los retratos tomados del natural para conseguir las expresiones de rechazo y miedo de cada uno de los personajes en diferentes escorzos y en posturas de una naturalidad nada teatral y sin embargo muy efectista, sino también en la riqueza de los ropajes y en las texturas de las telas, joyas, armas y cotas de malla que lucen. Por sí misma esta parte sería merecedora de figurar como una de las mejores representaciones del género y para que podáis disfrutarla con detalle os la pongo en alta definición:

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En la parte izquierda del lienzo, más oscura, aparece representado el rey monje Ramiro II , vestido con ropajes añiles y un precioso sayo de tonalidades púrpuras rematadas en oro, con cara de pocos amigos y sujetando a su fiero perro mastín con una gruesa cadena, delante de la cabeza del obispo que parece mostrar con la mano y junto al círculo de doce cabezas dispuestas en el suelo, mientras al fondo, bajo un arco ciego se amontonan los cuerpos de las víctimas en medio de un gran charco de sangre.

A mi me parece preciosa la figura del rey y la manera de pintar al perro con pinceladas muy sueltas (algún día hablaremos de la antigua costumbre de los reyes españoles de tener grandes perros), pero sobre todo la composición, en este caso con postura muy teatral y explícita del monarca protagonista absoluto de la escena que reúne las miradas del espectador en un primer momento, justo antes de la mueca de estupor que todo visitante tiene al ver las cabezas e interpretar lo que sucede:

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Y si pongo las cabezas ‘por separado’, no es por abundar en lo narrado, sino por contar la anécdota que refería un amigo del pintor, quien de visita en Roma, donde Don José Casado del Alisal pintó el lienzo, ya que era entonces, con 48 añitos recién cumplidos, primer flamante director de la Academia de Bellas Artes de España en Roma, narra como estando en su presencia se presentó un mozo con un saco a la espalda de parte del director del hospital y sin mediar gran charla lo vació en presencia de ambos desparramando por el suelo las cabezas humanas que sirvieron luego de modelos de las aparecidas en el cuadro, ante lo que el mismo pintor hubo de sujetarse para no caer desmayado.

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En el extremo inferior derecho podemos ver que el cuadro está ampulosamente firmado con un “Roma 1880 Casado”, detalle este que denota lo orgulloso que el pintor estuvo del resultado de su obra que le costó seis años de duros esfuerzos y de una gran cantidad de estudios y bocetos que no se han conservado (al menos de manera pública) salvo los que acompaño aquí debajo

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Este boceto no está fechado pero se supone que el pintor comenzó a realizarlo en la década previa a la factura del lienzo final. Vemos como ha variado la estructura de la disposición de los personajes, pero conserva los apuntes iniciales de iluminación general y un afán de estructura arquitectónica compleja.

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Y en este otro estudio previo, vemos como el estudio de la arquitectura de la escena se concreta mucho más enriqueciendo las texturas de la piedra y suponiendo, como es general, que la escena narrada se desarrolló (si es que lo hizo) en la cripta restaurada de lo que hoy es el Museo Provincial de Huesca:

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Precisamente bajo el suelo de esta imagen de ruinas, que una vez restaurada (con excelente criterio) se transforma en la actual Sala de Petronila, por ser en tiempos la capilla donde se celebraron los esposorios de la Doña de dicho nombre, sala a la que se ha añadido un precioso artesonado de madera:

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Sala de Petronila

Y, como decimos, bajo dicha sala se encuentra la cripta, también llamada Sala de la Campana, donde comúnmente se sitúa la escena de la decapitación múltiple cometida por el Rey Monje y que actualmente luce así:

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Sala de la Campana

Por último, quiero comentar que no es esta la primera representación pictórica de esta antigua leyenda que tanto trabajo ha dado a los literatos españoles, pues la primera imagen de envergadura del tema de la campana de Huesca la ofrece un lienzo de Antonio María Esquivel (1806-1857) en un lienzo que se encuentra en el Museo de Bellas Artes de Sevilla. Un cuadro que parece relacionarse con la obra teatral de Antonio García Gutiérrez de 1837 El rey monje, que es de estilo romántico, pues los ropajes están inspirados vagamente en la antigüedad y los gestos y actitudes son decididamente teatrales, y que de ninguna manera tiene ni la calidad, ni la expresión conseguida por Don José, de hecho no tenemos ni un mal pescuezo rebanado, ni una sola cabezita cortada con que aterrarnos, y todo son imploraciones y súplicas ante la carnicería que se vislumbra en el hacha del verdugo:

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La obra de Don José Casado del Alisal tuvo una gran repercusión desde su primera exposición pública. El artista la envió para la Exposición Nacional de 1881, donde esperaba conseguir la medalla de oro, pero por rencillas con los artistas de signo contrario y por las envidias que levantó entre algunos miembrso del tribunal, terminó teniendo solamente una mención honorífica, lo que fue todo un insulto que terminó por hacerle dimitir de su cargo en Roma y volver a Madrid. El Estado, para desagraviarle. por iniciativa de Emilio Castelar, que hizo una defensa apasionada de la necesidad de contar con uno de los grandes cuadros de historia que debía conformar el patrimonio artístico nacional, lo compró para el Museo del Prado en 1882 por 35000 pesetas. A partir de entonces inició un periplo europeo, siendo premiado en Múnich y mostrado en Viena, Düsseldorf y, por último, en París en 1889. En 1921 fue depositado en el Senado y, en 1950 fue cedido al Ayuntamiento de Huesca, donde se expuso en su Sala del Justicia. Actualmente se halla expuesto en la ampliación del Museo del Prado. También es destacable que los amigos de Casado le regalaron en el mismo año 1881 una corona de oro para apoyarle en la afrenta recibida.

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Ideológicamente el cuadro supone una toma de partido política en las disputas entre liberales y conservadores españoles. La historia es una clara apología del poder del rey y por extensión del poder autoritario del gobierno sobre sus súbditos. Estos son castigados justamente por su desobediencia y falta de lealtad a su señor, lo que remite a las entonces recientes alteraciones debido a la Revolución de «La Gloriosa» y la Primera República Española. Es un lienzo que mostraba cómo se justificaba la mano firme ante las actitudes revolucionarias contra la autoridad.

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FUENTE ORIGINAL

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