EL TESORO PERDIDO DE “MOCTEZUMA”

David Cuevas Góngora

Hernán Cortés y Moctezuma II. / CATERINA BARJAU

Hernán Cortés y Moctezuma II. / CATERINA BARJAU

RESUMEN

El presente artículo recorre la trayectoria sobre el paradero de uno de los más renombrados tesoros de la historia de la Conquista de América, aquel que las fuentes llamaban de Moctezuma, soberano del Imperio azteca. Tesoro que hallaron Cortés y sus conquistadores, perdido durante la “Noche Triste” y buscado durante el siglo XVI por el hijo de Hernán Cortés, y en el siglo XVII por la muestra de un códice o pintura de un indígena, que señalaba el lugar donde se escondió en tiempos de la conquista. La parte sobre su búsqueda se basa en documentos tanto del Archivo General de Indias como del Archivo Histórico Nacional.

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Desde su descubrimiento, el Nuevo Mundo o América pasó a asociarse como la nueva tierra de las riquezas, lugar de mitos áureos e historias de ciudades de oro y plata; idea que alimentaba el afán de oro de los conquistadores españoles, ya que uno de los motivos que llevaron a muchos a cruzar el Atlántico fue el de enriquecerse, y así lo afirmaba el conquistador de Medina del Campo Bernal Díaz del Castillo “…y por haber riquezas, que todos los hombres comúnmente venimos a buscar…”. Así, el hallazgo del tesoro de Moctezuma dio el toque de realidad al imaginario del español aventurero de los inicios del siglo XVI.
Aún hoy día se le sigue considerando uno de los mayores o más fabulosos tesoros perdidos, aunque exactamente no era el tesoro personal del monarca azteca, sino también del adquirido por su padre, Axayácatl y las riquezas acumuladas por los conquistadores durante su estancia en la capital del imperio azteca. La historia de este singular tesoro comienza con la expedición del extremeño Hernán Cortés, quien lo tuvo en sus manos y lo perdió de las mismas, y acaba con un punto y seguido tras sus intentos de búsqueda en el siglo XVI y XVII.

1. LA EXPEDICIÓN CORTESIANA

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Dos expediciones habían precedido a la de Hernán Cortés, la de Francisco Hernández de Córdoba (1517) y la de Juan de Grijalva (1518), sobrino del gobernador de Cuba.
En 1519 partió desde Santiago de Cuba Hernán Cortés en once navíos con una dotación de unos 500 hombres y 100 marineros. Su navegación les hace llegar primeramente a la isla de Santa Cruz (Cozumel), donde rescatan al náufrago español Jerónimo de Aguilar, quien se convertirá en lengua (intérprete) del ejército cortesiano. De ahí parten siguiendo la costa del Yucatán hasta llegar a la región de Tabasco, donde tendrá un enfrentamiento con los indígenas de la zona, con victoria para el bando hispano. Luego llegan a San Juan de Ulúa, desembarcando en territorio de los totonacas, y llegando a la ciudad de Cempoala. Poco después fundan la ciudad de la “Villarrica de la Veracruz” 
Cortés tiene la intención firme de dirigirse al encuentro del soberano azteca Moctezuma II. Pero antes decide mandar un valioso presente al monarca Carlos I para atraerse su favor, se trataba del “quinto real”, y que de alguna manera venía a ser una muestra de las riquezas que tenían las nuevas tierras descubiertas y su soberano, el gran Moctezuma. Los emisarios elegidos para tal misión fueron Alonso Hernández Portocarrero y Francisco de Montejo. Este “quinto real” estaba compuesto por una serie de piezas y objetos, que nos los describe al detalle el cronista López de Gómara en su obra:

– 2 ruedas de oro y plata
– 1 collar de oro de 8 piezas con 183 esmeraldas y 232 piedrezuelas como rubíes y colgaban de él 27 campanillas de oro.
– Otro collar de 4 piezas con 102 rubíes, 172 esmeraldas, 10 perlas y 27 campanillas de oro.
Muchos granos de oro del tamaño de garbanzos.
– Un morrión de madera chapado en oro y por fuera con pedrería y 25 campanillas, y por cimera un ave verde, con los ojos, pico y pies de oro.
– Un capacete de planchuelas de oro y campanillas alrededor, y por la cubierta pedrería.
– Un brazalete de oro.
– Cuatro arpones de tres ganchos, cubiertos de pluma de muchos colores y las puntas atadas con hilo de oro.
– Muchos zapatos cosidos con hilo de oro y guarnecidos de oro, plata y perlas.
– Una rodela de plata y cuero, y alrededor campanillas de latón morisco y la copa de una plancha de oro y esculpida en ella la imagen del dios Huitzilopotli, dios de la guerra, y en aspa cuatro cabezas con su pluma o piel, a la viva y desollada, que era de león, de tigre, de águila y de búho.
– Muchas pieles de aves y animales.
– 24 rodelas de oro, pluma y aljófar.
– 5 rodelas de pluma y plata.
– 4 peces de oro, dos ánades y otras aves, huecas y vaciadas de oro.
– 2 caracoles grandes de oro y un cocodrilo con muchos hilos gruesos de oro alrededor.
– 1 barra de latón, y del mismo metal algunas hachas y una especie de azadas.
– 1 espejo grandes guarnecido de oro y otros pequeños.
– Muchas mitras y coronas bordadas en pluma y oro.
– Gran cantidad de plumajes de vistos colores.
– Penachos decorados con plumas, perlas, plata y oro.
– Muchos abanicos y otros objetos de oro y pluma.
– 1 manta, especie de capa de algodón tejido de muchos colores.
– Vestidos y ornamentos de templos y altares.
– Otras mantas de diversos colores.
– Mantas de cama, paramentos y alfombras de algodón.

Todo ello fue llevado a España y admirado no solo por el monarca Carlos I, sino también por Pedro Mártir de Anglería y el artista alemán Alberto Durero. El primero vio la muestra en Tordesillas diciendo lo siguiente: …Lo que me pasma es la industria con que la obra aventaja a la madera. He visto mil cosas que no puedo describir. Me parece que no he visto jamás cosa alguna
que por su hermosura pueda atraer tanto las miradas de los hombres… En cuanto al segundo, Durero, este vio los ricos presentes en la ciudad de Bruselas: …he visto las cosas que le han traído al rey de la nueva tierra del oro: un sol todo de oro de una braza de ancho, y también una luna de plata del mismo tamaño, también dos estancias llenas de armaduras y la gente que en ellas había con toda suerte de maravillosas armas, arreos, dardos, magníficos escudos, extraordinarios ropajes, camas y toda clase de cosas fantásticas para uso humano más dignas de verse que prodigios. Estas cosas son todas tan preciosas que están valoradas en 100.000 florines…
Por otro lado Cortés y su hueste inician su viaje tierra adentro, enfrentándose en un primer momento al pueblo de los tlaxcaltecas, a los que derrotan, firmando con ellos una alianza. Seguidamente pasan a la ciudad de Cholula (enemiga de los tlaxcaltecas), infligiendo una cruel mortandad sobre sus habitantes a instigación de los propios tlaxcaltecas y bajo el señuelo de una conspiración para acabar con los conquistadores españoles5. Tras estos hechos, el 8 de noviembre de 1519 tiene lugar el encuentro entre Moctezuma y Hernán Cortés. Posteriormente los conquistadores se instalan en el palacio de Axayacatl, padre de Moctezuma.
Ante la negativa del soberano azteca de construir un altar cristiano en el Templo Mayor de Tenochtitlán para acabar con la idolatría del pueblo azteca. Se decide hacerlo en el palacio donde se alojaban los conquistadores. Aquí será donde se encuentre con una puerta tapiada Alonso Yáñez, éste comunicó su hallazgo a Juan Velázquez de León y a Francisco de Lugo, quienes a su vez informaron al propio Cortés6. Tras esta tapia se halló un fabuloso tesoro. Así lo narra uno de los testigos presentes, el conquistador Bernal Díaz del Castillo:

calidad, e todo lo transcendemos e queremos saber, cuando miramos adonde mejor y en más conveniente parte habíamos de hacer el altar, dos de nuestros soldados, que uno de ellos era carpintero de lo blanco, que se decía Alonso Yáñez, vio en una pared una como señal de que había sido puerta, que estaba cerrada…secretamente se abrió la puerta: y cuando fue abierta, Cortés con ciertos capitanes entraron primero dentro, y vieron tanto número de joyas de oro e planchas, y tejuelos muchos, y piedras de chalchihuites y otras grandes riquezas, y luego lo supimos entre todos los demás capitanes y soldados, y lo entramos a ver…
Bernal Díaz impresionado por el fabuloso tesoro dice al respecto: …en aquel tiempo era mancebo y no había visto en mi vida riquezas como aquellas, tuve por cierto que en el mundo no debiera haber otras tantas…

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Realmente el tesoro hallado no era de Moctezuma sino de su padre Axayácatl, y parece ser que lo encontrado era una especie de recámara o sala del tesoro a modo del que usaban los antiguos faraones egipcios. No obstante los españoles acumularon para sí este tesoro y todo aquello que pertenecía propiamente a Moctezuma II.
Sin embargo las fuentes indígenas nos muestran otra versión del hecho no tan mitificada o sensacionalista como la hispana, sino que dicen al respecto que los españoles en su estancia en Tenochtitlán se comportaban más bien como saqueadores que como invitados:
Y cuando hubieron llegado a la casa del tesoro, llamada Teucalco, luego se sacan fuera todos los artefactos tejidos de pluma, tales como, travesaños de pluma de quetzal, escudos finos, discos de oro, los collares de los ídolos, las lunetas de la nariz; hechos de oro, las grebas de oro, las ajorcas de oro, las diademas de oro […] y anduvieron por todas partes, anduvieron hurgando, rebuscando la casa del tesoro, los almacenes, y se adueñaron de todo lo que vieron […] rebuscan en la casa de almacenamiento de Motecuhzoma y le quitan todo lo que le pertenece y lo ponen en un patio.
Descubierto el tesoro y para proteger su situación en la capital azteca, Cortés por decisión de sus capitanes hace prisionero a Moctezuma. Pero al poco tiempo le llegan noticias desde la costa de Veracruz de una armada enviada desde Cuba al mando de Pánfilo de Narváez, con orden de apresarlo. Ante la coyuntura, Cortés deja una guarnición en Tenochtitlán al mando de Pedro de Alvarado. La habilidad del extremeño le lleva a vencer a Narváez, y con su persuasión convence a los hombres del derrotado para que se unan a él y a su empresa.
Sin embargo le llegan preocupantes noticias desde México, Alvarado se encuentra en una situación difícil al rebelarse la población azteca, tras la cruel matanza que éste último había propiciado en el Templo Mayor durante la fiesta de “Toxcátl”. Apresuradamente regresa Cortés para conocer con mayor nitidez la situación, la cual pinta peor de lo que esperaba. Usa la intercesión de Moctezuma para mediar entre los conquistadores y el pueblo azteca, pero no resulta efectiva, pues el soberano azteca es recibido por su pueblo con insultos y una lluvia de piedras, una de las cuales le hiere, afligido por la pérdida de confianza ante su pueblo, muere días después10. Ni siquiera las ofertas de Cortés acallan a la muchedumbre enardecida, que quieren ver a los españoles destruidos o en la piedra de los sacrificios. A partir de ahí tendrá lugar frenéticos combates entre sus habitantes y los conquistadores.

A salvo de los gringos En 1520, Hern+ín Cort+®s reun

DE LA “NOCHE TRISTE” A LA PROBANZA DE TEPEACA

Cada vez la situación se hacía más insostenible en México ante el levantamiento de los aztecas. Y Cortés presionado por sus capitanes decidió salir secretamente de la ciudad al amparo de la oscuridad de la noche.
Cuando todo estaba preparado, se dedicó las últimas horas antes de la partida, a saber qué hacer con el tesoro azteca acumulado durante la estancia de los españoles en la ciudad.
Bernal Díaz del Castillo en su crónica dice que Cortés llamó a su secretario, Pedro Hernández, y a otros escribanos allí presentes para que levantasen testimonio de que ya no podía hacer nada más por guardar el tesoro, cuyo valor estimaba en unos 700.000 ducados, y que ante el panorama que se le presentaba Cortés expresó: …los soldados que quisieren sacar dello, desde aquí se lo doy, como se ha de quedar aquí perdido entre estos perros…
De esa cantidad había que descontar el “quinto” perteneciente al monarca Carlos I, que sería de unos 132.000 pesos de oro entre joyas, objetos varios y oro fundido en barras según se especificó en la probanza de Tepeaca de agosto de 1520, la cual se efectuó después de la salida de los españoles. Para cargar la parte del rey, Cortés procuró una yegua, varios indios y criados españoles para transportarlo. Bernal Díaz refiere al caso que Cortés mandó a su criado, Cristóbal de Guzmán y a otras personas que se encargasen de salvar el oro perteneciente al rey, y: …para ello les procuró siete caballos heridos y una yegua…, y que aún así: …quedó mucho oro en la habitación…El propio Cortés en una de sus cartas habla sobre este asunto. Por otro lado, si el “quinto” estaba valorado en 132.000 pesos de oro, la cuantía total del tesoro sería de unos 660.000 ducados, cifra que se acerca a la que ofreciera Díaz del Castillo.
Aparte, parece ser que el capitán Juan Velázquez de León fue el encargado de custodiar la yegua con el cargamento de oro, junto con los criados nombrados para tal efecto por Cortés, y así lo indicó el conquistador Andrés de Monjaraz, quien afirmaba haber visto a Velázquez de León con la yegua cargada de oro. Otro testigo de los hechos, Juan Jaramillo preguntó que fue de Velázquez de León y el oro del rey, y algunos conquistadores le respondieron que se quedó en la retaguardia con el oro, y por esto entendió Jaramillo que lo habían matado en la calzada, pues nunca más lo volvió a ver.Al final la silenciosa salida de los españoles de la capital, Tenochtitlán, se convirtió en desastrosa huida, al ser delatados por una mujer que estaba sacando agua, a cuyos gritos de alarma acudieron cientos de guerreros aztecas para dar caza al enemigo hispano. El balance de la “Noche Triste” o “batalla de los puentes” fue fatídico para el bando español, más de 600 españoles sucumbieron a las armas aztecas, sin contar los aliados tlaxcaltecas (unos 2000), además se perdió todo el oro perteneciente al rey, así como el que con afán codicioso cogieron los propios soldados después de que Cortés les diese vía libre para tomar lo que quisiesen.
Ahora cabe preguntarse ¿Qué fue del oro perdido por los españoles? Según parece, al día siguiente los aztecas o mexicas por las informaciones que dieron los indígenas a fray Bernardino de Sahagún (siglo XVI); o la crónica de Fernando Alva Ixtlilxóchitl (siglo XVII), recogieron todo lo que habían dejado en la huida los españoles: espadas, arcabuces, lanzas, escudos, armaduras…y también todo el oro que estaba en barras, discos de oro, oro en polvo y collares de “chalchihuites” con adornos de oro, todo ello fue sacado bien de los cuerpos de los conquistadores muertos, o bien del agua, y acumulado cuidadosamente.
Tras la salida, Cortés por “excusarse” de la pérdida del tesoro realizó una probanza. El documento conservado en el Archivo General de Indias15 lleva por encabezamiento lo siguiente: Ynformación de cómo el oro y joyas que avía avido después de tomado la tierra, que de la parte del rey que sería fasta 100.000 ducados se perdieron por la guerra…
Esta probanza se hizo en Tepeaca, núcleo que entraba dentro de la jurisdicción de la Villa Rica de la Vera Cruz el 20 de agosto de 1520, la presentaba Juan Ochoa de Elejalde, criado de Cortés, ante el alcalde Pedro de Alvarado y el escribano Jerónimo de Alanís. Anexo a la petición se encuentra una carta del propio Cortés para excusarse ante las instituciones, los funcionarios reales y los propios monarcas (Carlos I y su madre doña Juana de Castilla), sobre la pérdida del oro acumulado durante el tiempo que residió en México-Tenochtitlán antes de su fatídica huida, y así lo expresa el cierre de la carta en cuestión:

HERNÁN CORTÉS: Cartas de la conquista de México, Madrid 1985, :
“…e tomé todo el oro y joyas de vuestra majestad que se podían sacar, y púselo en una sala, y allí entregué en cierto líos a los oficiales de vuestra alteza, que yo en su real nombre tenía señalados y a los alcaldes y regidores, y a toda la gente que allí esteba, les rogué y requería que me ayudasen a lo sacar y salvar, e di una yegua mía para ello, en la cual se cargó tanta parte cuanta yo podía llevar; e señalé ciertos españoles, así criados míos como de los otros, que viniesen con el dicho oro y yegua, y los demás los dichos oficiales y alcaldes regidores y yo los dimos y repartimos por los españoles para que los sacasen…”

[…] por quanto al tiempo que el dicho señor capitán salió de la çibdad de tenustitán (Tenochtitlán) por la guerra que los indios della le hizieron se perdió mucho oro fundido y joyas de su alteza que el dicho señor capitán tenía para enviar a sus majestades e por lo salvar fizo todo lo que le fue posible […]
Para ello, Ochoa de Elejalde presentaba un interrogatorio a responder por una serie de testigos. El cuestionario contenía 16 preguntas, de las cuales las referidas al suceso sobre el tesoro perdido fueron las siguientes:
– 2ª.- Que el “quinto real” ascendía a unos 32.000 pesos de oro, a lo que se añadía otras joyas y objetos por valor de hasta 100.000 ducados.
– 3ª.- Si se entregó el oro y joyas a Alonso de Escobar para que lo custodiase hasta poder enviarlo a España.
– 7ª.- Si Cortés proporcionó una yegua para cargar el tesoro con una escolta de cinco españoles de confianza, y que lo que no se pudo cargar, pidió a los españoles que le ayudasen a sacarlo.
– 9ª.- Se preguntó si Cortés entregó a un cacique de la provincia de “Guadizango” y a otros indios naborías16, gran cantidad de joyas y oro para que lo salvasen y lo sacasen.
10ª.- Que todo el tesoro de oro, joyas y otras cosas se perdió durante la batalla de los puentes (la conocida “Noche Triste”).
– 11ª.- No envió antes el oro al rey por no tener barcos donde transportarlo17.
– 12ª.- Se perdieron 60.000 pesos de oro que correspondían a aquellos españoles que se hallaban fuera de la ciudad de Tenochtitlán (alude a los que se encontraban en Tlaxcala, en otras partes de México y la villa Rica de la Veracruz).
– 14ª.- Si también se perdieron 14.000 pesos que poseía Juan Velázquez de León y que provenían de ciertos caciques de la región, pesos que entregó a Francisco de Morla, quien fue muerto por una emboscada de los aztecas cuando iba de camino hacia México. Además de 7.000 pesos de oro fundido y otras cosas que pertenecían a Cortés, y que también llevaba Morla con 5 jinetes y 45 peones, más 200 indios tlaxcaltecas.
Los testigos que respondieron a estas preguntas fueron los siguientes: Fray Juan Díaz, fray Bartolomé de Olmedo, Jerónimo de Aguilar, Juan Rodríguez de Villafuerte (regidor), Diego de Ordás (regidor), Alonso de Ávila (alcalde mayor), Rodrigo Álvarez Chico (veedor), Cristóbal de Olid (regidor), Bernardino Vázquez de Tapia (factor), Andrés Duero, Gonzalo de Alvarado(regidor) y Cristóbal Corral.
Así, Cortés contó para esta probanza con la representación eclesiástica de la hueste, uno de los intérpretes (Aguilar) y con los oficiales del rey, nombrados por el propio Cortés, pero además estos testigos eran o antiguos conocidos y amigos del extremeño o incondicionales y leales a su persona, lo que en cierta manera podría tergiversar o enmascarar las declaraciones de éstos, para mostrar el apoyo de las actividades de Cortés en cuanto al intento de sacar y custodiar el oro, y lamentar su pérdida ante los ojos de Carlos I.
Todos los testimonios son parecidos, hablan de 100.000 pesos de oro, sin contar el quinto del rey, valorado en unos 32.000 pesos, la pérdida del oro que llevaba Morla y el correspondiente a los españoles que se hallaban ausentes. Algunos hablan de la existencia de una sala llena de oro que ante la premura por macharse de la ciudad se quedó allí (testimonio de Andrés de Duero).


EL BOTÍN DE MÉXICO Y LA HISTORIA DE LA OCULTACIÓN DEL TESORO

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Una vez caído el Imperio azteca tras el asedio realizado por las tropas de Cortés y la captura de su último emperador Cuauhtémoc en 1521. Los españoles solo pensaban en hallar el oro perdido durante la “Noche Triste”. Esta obsesión les llevó no solo a saquear todo lo que pudieron, sino a rumorear que el último caudillo azteca lo había escondido, arrojándolo a la laguna antes de que fuese capturado. Y para conocer su paradero, el tesorero Julián de Alderete insistió en que se torturase a Cuauhtémoc y al señor de Tlacopan (Tacuba) mediante la quema de sus pies con aceite hirviendo, al final confesaron, según relata el conquistador y cronista Bernal Díaz del Castillo: […] que cuatro días antes que le prendiesen echaron a la laguna todo el oro, tiros, escopetas, ballestas…y fueron donde Cuathemoc había señalado y se zambulleron varios nadadores y no encontraron nada […]
El cronista Francisco López de Gómara dice al respecto que no se encontró todo el oro que habían tenido los españoles antes de la fatídica salida de la capital azteca: …ni rastro del tesoro de Moctezuma, que tenía gran fama… Ante tal pérdida se optó por torturar a Cuauhtémoc y al rey de Tacuba, éste último murió en el suplicio sin confesar nada, mientras que Cortés quitó del tormento a Cuauhtémoc al revelarle que había echado en la laguna diez días antes de su prisión, todo el oro, plata, piedras, perlas, joyas, artillería…muchos buscaron este tesoro en la laguna y en tierra, pero nunca fue hallado.
López de Gómara sigue contando que de la fundición de los despojos de México, hubo 130.000 castellanos, correspondiéndole al rey en retribución de su “quinto real” la cifra de 26.000 castellanos, además de otras cosas como esclavos, plumajes, abanicos, mantas de algodón, adornos de oro, perlas, vajillas de oro y plata…19Esta riqueza fue llevada por el tesorero Julián de Alderete, Alonso de Ávila y Antonio de Quiñones20 nombrados procuradores para custodiar el oro hasta su llegada a España, viajaron en tres carabelas21, sin embargo fueron atacados por el pirata francés Jeun Fleury (Juan Florín) cerca de las Azores, tomando dos de las tres naves, así que parte del tesoro azteca correspondiente al rey Carlos I de España acabó en manos del monarca francés Francisco I.
La única nave que llegó fue la “Santa María de la Rábida” del maestre Juan Baptista y capitaneada por Juan de Ribera, conocemos su cargamento gracias a un documento donde se describe al detalle la cantidad de oro y joyas que llevaba, tanto pertenecientes al rey como a algunos conquistadores particulares. El registro se hizo en la Villa Rica de la Vera Cruz ante el escribano público Alonso de Vergara el 22 de junio de 152222. Únicamente mencionaremos la parte correspondiente al rey que viajaba en esta carabela, cuyo valor estimado era de 16.260 pesos de oro fundido, ciertas rodelas de oro y 239 pesos de oro bajo. En las otras naves debía ir el resto del “quinto real” para cumplir los 26.000 castellanos de los que habla Gómara en su relación
La fama del fabuloso tesoro azteca o de “Moctezuma”, perdido durante la fatídica “Noche Triste”, siguió vigente en la mentalidad de los conquistadores y sus sucesores, con la esperanza de hallarlo algún día.

NOTICIAS E INTENTOS DE BÚSQUEDA EN LOS SIGLOS XVI Y XVII

Así, en 1575 el segundo marqués del valle de Oaxaca (México) Martín Cortés, hijo del afamado conquistador del imperio azteca, Hernán Cortés. Dio información a través de una carta de ciertas noticias que le habían llegado sobre la probable existencia en sus dominios del marquesado oaxaqueño de un tesoro escondido, según le revelaron unos indígenas, y que algunos creían que se trataba del desaparecido tesoro que perteneció al emperador azteca Moctezuma II (Motecuzoma Xocoyotzin, 1502-1520) o de otros señores principales del ya extinto imperio.
Ante tal nueva, Martín Cortés pidió concertar un asiento o contrato de búsqueda y rescate con el rey Felipe II. Para hacer las gestiones en la Península ante la corte del rey, nombró mediante una carta de poder como su representante a Pedro Luis de Torregroso, miembro del cabildo de Sevilla (regidor). Finalmente hubo acuerdo y se fijaron las cláusulas del asiento:

El propio Martín Cortés se hará cargo de los gastos de la búsqueda y recuperación del mencionado tesoro.
– Si su valor fuese de 200.000 ducados; de esa cantidad se quitarán los gastos que haya realizado el propio marqués; una décima parte irá para las personas que dieron el aviso sobre el paradero del tesoro, mientras que el resto de lo hallado será dividido a partes iguales entre Martín Cortés y el rey.
– Por otro lado, si el valor del tesoro fuera superior a 200.000 ducados, lo que quede tras el pago de los costes e informantes, se dividirá en tres partes iguales; dos de las cuales corresponderán al monarca y una a Martín Cortés.
– El rey enviará a una persona para que supervise las actividades de búsqueda y dé memoria de ello.
– El contrato tendrá una vigencia de 3 años, comenzando desde el 1 de julio de 1575.

No alcanzó a saber qué resultado obtuvo la empresa de Martín Cortés para hallar el pretendido tesoro, pues las fuentes disponibles son escasas o parcas en detallar que aconteció finalmente. Tan sólo existe la referencia al mismo por una carta que Martín Enríquez, virrey de Nueva España, (1568-1580) manda al rey en marzo de 1576, y que dice lo siguiente: “la información que vuestra majestad mandó hacer sobre el tesoro de Moctezuma de que el marqués del valle dio aviso va ay”. Luego le siguen las siguientes frases: “Nº. Sº. en la C. R. personal de vuestra majestad muchos años, con aumento de más reinos y señores como los criados de vuestra majestad deseamos de México”
¿Qué información le dio? ¿Y las últimas frases que significan? ¿Se halló el tesoro? La ambigüedad de los contenidos que ofrece la carta del Virrey no permite responder con profundidad a estas cuestiones. Aunque el cierre de la carta parece indicar que algo se halló, y con lo encontrado se esperaba invertirlo en la adquisición de nuevos territorios o sufragar gastos de guerra y campañas militares por parte del monarca.
Sin embargo, este oscurantismo explicativo de las fuentes, bien pudiera deberse para hacer pasar desapercibido el hallazgo, ante la posibilidad de su robo. Ni siquiera las crónicas y cronistas de la época mencionan el suceso, dándole un halo de misterio y silencio al hecho en sí.
Pero la posibilidad del hallazgo del fantástico tesoro siguió vigente en la centuria siguiente (siglo XVII), y esta última más relacionada con los acontecimientos sobre su pérdida y ocultación que expusimos en páginas anteriores.
En el año de 1637 se presentó ante el virrey de Nueva España, Marqués de Cadereyta, el indígena Francisco de Tapia, que decía ser descendiente de aztecas, mostrándole cierta pintura,además de una relación sobre la posible localización del fabuloso tesoro de Moctezuma:

…una pintura que ante mi presentó que avía heredado de sus aguelos en la qual estaba la demostración del sitio del tesoro que avía tenido el gran Moctezuma, señor que fue desta tierra, y asimismo el lugar donde se avía escondido al tiempo de la conquista, las joyas y piedras rricas de que habla él y sus progenitores que lo uno y lo otro era de inestimable valor…

Por otro lado, para validar la información, el propio Francisco de Tapia había consultado tanto a parientes suyos ancianos que eran ya difuntos, comoa otros indígenas longevos que aún vivían, y que gracias a sus declaraciones pudo averiguar el paradero del tesoro:
…que es en la laguna grande de San Lázaro entre el peñol de los Baños y el del Marqués, en un pozo en que acostumbraban bañarse antiguamente…
Ese fue el lugar donde al parecer arrojaron el oro los aztecas en tiempos de la conquista, en un intento de dejar a los conquistadores con su sed de riquezas. Este pozo fue cubierto con piedras y tierra, permaneciendo oculto hasta la fecha, y que debido a las terribles sequías que padecía la región de México por esos años de 1600 y las obras de desagüe de la Laguna, fue posible localizarlo. Lugar que la pintura indicaba con una barra azul y con una punta donde estaban las joyas y el oro.
La siguiente imagen es la recreación de un mapa de la comarca de México, basado en un original que se encuentra en el Archivo de Indias28, en él se señalan los lugares mencionados en los documentos relativos a la comisión para el descubrimiento del tesoro. El cual según la información dada por el indio Tapia se hallaría entre los puntos 4 (Peñón de los Baños) y 5 (Peñón del Marqués).

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Mapa de la comarca de México y obra del desagüe de la Laguna, año de 1608.

Por otro lado, en carta de 16 de junio de 1637, el virrey respondía a las peticiones del indígena Tapia, el cual solicitaba herramientas (barretas29, morillos, tablas y canoas), y la participación de algunos indígenas del barrio de San Pablo y de los pueblos de Mexicalcingo y otros cercanos a su jurisdicción. Así, mandó el marqués de Cadereyta que el alcalde mayor de Iztapalapá y los gobernadores de San Juan de Mexicalcingo proveyesen a Tapia de los indios que precisaba, del pago de sus salarios y las herramientas solicitadas.
Por una misiva del 19 de junio de 1637, se designó para visitar el lugar señalado por la pintura de Francisco de Tapia al capitán Juan Macho Capela, quién llegó al sitio y comprobó que pintura y lugar geográfico se confirmaban. Describiendo que la boca del pozo medía unas 34 varas de ancho por unas 17 de largo, y que para su mejor “descubrimiento” era necesario morillos, tablas, clavazón y algunas bombas para achicar el agua que se encontraba alrededor del pozo, cuya medida era de tres cuartas (entre 60 y 75 cm aprox.). Además cuenta que Tapia ya había iniciado los trabajos y se había informado al gobernador de Iztapalapá para que procurase más indios, herramientas y dos carpinteros. Que el dinero (110 pesos de oro) que le entregó el capitán Cristóbal Valero según orden del propio Cadereyta, se había empleado en el alquiler de canoas y pagar el salario de algunos indios, y por ello solicita que le enviasen más dinero.
Ante las noticias y relación que suministró el capitán Juan Macho, la propia Real Audiencia de México por carta de 20 de junio de 1637 mandó que se prosiguiese con el descubrimiento del fondo del sitio del pozo, arguyendo que no debía infravalorarse el hallazgo, según las noticias e historias que se tenían del tesoro de Moctezuma, el cual se pensaba fue grande y se escondió en tiempos de la conquista, y que hasta el momento actual de la carta no había aparecido. Para ello la Audiencia resolvió enviar a don Juan de Gordezuela para que se desplazase hasta el lugar descrito, aparte de mandarse a los gobernadores de los barrios indígenas de San Juan, Santiago y Mexicalcingo que acudiesen con lo necesario, y que el fiscal de la Audiencia, el doctor Andrés Gómez de Mora visitase conjuntamente el lugar con Gordezuela.
Por último se reflejaba que si se hallase el pretendido tesoro, y siguiendo la ley del rey en materia de hallazgos, de cuatro partes en las que se dividiría, tres le corresponderían a él y la restante al descubridor.Aparte, al igual que sucedió con lo notificado por Martín Cortés y su búsqueda del tesoro en el último cuarto del siglo XVI. Tampoco en esta ocasión tenemos noticias claras sobre como prosperó la empresa de rescate del tesoro que señalaba la pintura del indígena Francisco de Tapia, pues ni en la correspondencia personal del virrey Marqués de Cadereyta, ni en documento alguno se desentraña la resolución final del hecho, volviendo a encubrirlo sobre un halo de silencio que origina cierta incertidumbre histórica al respecto.
En conclusión, que aún ante la documentación analizada y las crónicas estudiadas sobre este gran tesoro que perteneció a Moctezuma o a los aztecas, sigue siendo a la luz de la investigación histórica, un enigma que aún continúa.

FUENTE DE INTERNET

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