Una pulga muy decente

 

Escrito por:  Publicado en: Tercera cultura

Una pulga muy decente “La cámara oscura” (1719), Charles-Amédée-Philippe van. National Gallery of Art, Washington.

La investigación científica se halla en el origen de muchos de los entretenimientos que, ya desde finales del siglo XVIII, se ofrecen a un público ávido por conocer las novedades científicas y técnicas que se van produciendo. Creados como instrumentos técnicos para la investigación, los nuevos y sucesivos descubrimientos son transformados rápidamente en espectáculos y juguetes, llevándose a cabo, de este modo, su divulgación y banalización.

Junto con la atracción por los experimentos eléctricos, los microscopios solares, las máquinas astronómicas, los juegos hidráulicos y otras diversiones de raíz claramente científica, conviven espectáculos más próximos a los trucos de los charlatanes, revestidos de unos tintes seudocientíficos con los que pretenden dignificarse.

“El charlatán”, Pietro Longhi, c. 1757, Ca’ Rezzonico, Venecia.

La justificación de determinados entretenimientos mediante su presentación como juegos científicos, mecánicos o físicos, se debe, además de a la indudable admiración por los nuevos inventos y máquinas, a los recelos morales suscitados por la magia, tolerable en las comedias de magia que tanto éxito alcanzaron en los teatros, pero que, fuera de estos, podía sugerir asociaciones indeseables e incluso peligrosas.

El microscopio solar, a diferencia de otros artilugios, es un instrumento verdaderamente científico. En sus Leçons de physique experimentale (1743), el Abad Jean Antoine Nollet lo describe como una linterna mágica iluminada con la luz del sol. Se trata, en esencia, de un microscopio que proyecta la imagen observada y que emplea la luz del sol como fuente luminosa.

Microscopio solar “Isidoro Gaspare Bazzanti”, 1760. Museo Galileo, Istituto e Museo di Storia della Scienza, Florencia.

En 1796, François Bienvenu, fabricante de instrumentos de física reconvertido en profesor itinerante de física experimental, llega a España, después de recorrer con sus demostraciones varias ciudades francesas e italianas. Exhibe una máquina catóptrica; lleva a cabo juegos hidráulicos y pirotécnicos, así como experimentos eléctricos, y entre sus máquinas e instrumentos científicos muestra un microscopio solar.

Retrato de François Bienvenu realizado en 1822 por Henri-Joseph Hesse. Colección particular.

Ahí entra en escena la pulga. Si con los otros microscopios no podía representarse una pulga más gruesa que un carnero, ahora, gracias al microscopio solar, puede mostrarse en todo su esplendor sin que disminuya la nitidez de la visión. Además de pulgas, a través del microscopio de Bienvenu podían contemplarse pelos y gusanos del vinagre que, aumentados, parecían anguilas. El aparato permitía estudiar, asimismo, la circulación de la sangre y la cristalización de las sales.

Microscopio solar y linterna mágica. Grabado anónimo, 1757, Biblioteca Nacional de España, Madrid.

En 1798, Bienvenu recaló en Valencia, donde, como también había hecho en Madrid, ofreció cursos de reparación y construcción de instrumentos científicos, así como diversas demostraciones de física y química, juegos matemáticos y fuegos de artificio.

El microscopio solar fue uno de los entretenimientos científicos más conocidos y divulgados. Al margen de su abundante presencia en posadas y fondas, ya en 1846 se constata la presencia de un microscopio solar en la Facultad de Ciencias de Valencia y, en 1857, de otro en el gabinete de Física de la Escuela Industrial.

Uno de los exhibidores del microscopio solar en Valencia fue Charles Chevalier, un célebre óptico parisino que, junto con su padre, Vincent, había mantenido contacto con Daguerre y Niépce desde los años veinte.

El 3 de julio de 1842, el Diario Mercantil anunciaba que el espectáculo era mucho más completo que el que se había mostrado años antes en una posada valenciana, de modo que “una PULGA se presenta del tamaño de un elefante; del reino animal se ve el PIOJO, la PULGA, la CHINCHE, los GUSANOS, los ANIMALITOS en el agua natural y corrompida, el PESCADO, etc.”.

La pulga, que para Nollet tenía el tamaño de un cordero, para Bienvenu el de un carnero y para Carlos Andorfer, quien a mediados de siglo recorre el norte de España con su microscopio solar, el de un buey, con Chevalier es ya como un elefante. La pulga prospera. Esto se debe, en gran medida, al progresivo perfeccionamiento del microscopio, pero también a las exigencias de la publicidad.

Imagen de una pulga. Robert Hooke. “Micrographia: or, Some physiological descriptions of minute bodies made by magnifying glasses” (Londres, J. Martyn and J. Allestry, 1665).

Lo mejor del anuncio, sin embargo, es la advertencia que se hace, para tranquilizar al respetable público, de que el espectáculo es “muy decente”, de modo que “puede ser concurrido por todas las personas de ambos sexos”. No cabe duda de que la colosal y recatada pulga no tenía nada que ver con la que, hacia 1915, anduvo buscando entre sus ropas La Chelito.

 

Fuente: http://www.thecult.es/tercera-cultura/una-pulga-muy-decente.html

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