El rey Lear en tres dimensiones

Escrito por:  Publicado en: Juego de espejos

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Ian McKellen como el Rey Lear en la adaptación televisiva emitida por PBS el 27 de marzo de 2009

Marshall McLuhan considera que la primera aparición de la tercera dimensión en la narrativa se da en una escena de El rey Lear:

“No se ha reconocido debidamente a Shakespeare el mérito de haber hecho en El rey Lear la primera alusión verbal, que yo sepa la única en cualquier literatura, a la perspectiva tridimensional”.

En esa escena asistimos al momento en el que Edgar conduce a su padre Gloucester, ciego, loco y con ganas de suicidarse, hacia los acantilados de Dover:

GLOUCESTER: La cima de esa colina, ¿Cuándo la alcanzaré?

EDGAR: Ya estáis subiendo; fijaos cómo nos cuesta.

GLOUCESTER: El suelo se me antoja llano.

EDGAR: Es mucha la pendiente. ¡Escuchad! ¿No oís el mar?

GLOUCESTER: No oigo nada.

EDGAR: Entonces es que vuestros sentidos se alteraron por el tormento de los ojos.

Edwin Austin Abbey: "King Lear: Cordelia's Farewell", Metropolitan Museum of Art

Edwin Austin Abbey: “King Lear: Cordelia’s Farewell”, Metropolitan Museum of Art

Cuando llegan a la cima, Edgar describe de manera detallada el abismo que tienen a sus pies, señalando, nos dice McLuhan, “cinco planos diferentes de profundidad”:

“Venid aquí, Señor; este es el sitio.

No os mováis. ¡Qué pavor y asombro causa

dirigir tan abajo la mirada!

Los cuervos y los grajos que aletean

a media altura, no se ven tan grandes

como un escarabajo. A la mitad

de la quebrada hay alguien suspendido

que siega hinojo: ¡fastidioso oficio!

No parece mayor que vuestra cabeza.

Los pescadores que andan por la playa

asemejan ratones; a lo lejos

anclado se ve un barco, que parece

no mayor que su bote; el bote mismo,

no mayor que una boya, tan pequeño

que puede verse apenas. El murmullo

de las olas que rompen en las rocas

no llega aquí, tan alto. Más no miro,

no vaya a ser que pierda la cabeza,

se me nuble la vista y me despeñe.”

Aquí hemos podido ver esos planos que nos sugieren la tridimensionalidad al distinguir entre las diferentes alturas: los pájaros que vuelan, un hombre suspendido en el abismo, las rocas, los barcos y la playa. Pero, como dice de manera excelente Jan Kot en Shakespeare, nuestro contemporáneo, lo asombroso es que, ese abismo que describe Edgar no existe.

Derek Jacobi en la versión dirigida en 2011 por Michael Grandage © Donmar Warehouse, National Theatre (Londres).

Derek Jacobi en la versión dirigida en 2011 por Michael Grandage © Donmar Warehouse, National Theatre (Londres).

Entiéndase bien: no es que los actores que representan la función finjan que están ante un abismo, sino que es Edgar (el personaje de la obra, no el actor que lo interpreta) quien está engañando a su padre, haciéndole creer que se encuentra al borde de un precipicio.

Y sin embargo, dice Kot:

“Este acantilado inexistente no sólo sirve para engañar a un ciego: nosotros hemos creído también por un momento en la existencia de este paisaje y de esta pantomima”.

Los espectadores, en efecto, hemos visto por un instante la tercera dimensión en el escenario plano de un teatro y hemos creído que el ciego Gloucester se arrojaba por el acantilado descrito por Edgar, esperando verle morir despeñado contra las rocas. Sólo después, cuando vemos como el actor cae torpemente al suelo, descubrimos que Edgar ha hecho creer a su padre que podría arrojarse a una muerte segura y que no había tal abismo, ni en el teatro ni en la narración. Es solo entonces cuando vemos cómo el hijo recoge al padre, pero no del fondo del abismo al que creímos por un momento que lo arrojaba, sino de a lo sumo un pequeño desnivel del terreno. Pero el padre, ante lo que cree el milagro de haber sobrevivido a una caída desde un acantilado, recupera la cordura.

Edgar y Gloucester en "El rey Lear" de Robert Wilson

Edgar y Gloucester en “El rey Lear” de Robert Wilson

Esta es una escena, con ese doble engaño de Edgar a Gloucester, y al mismo tiempo a los espectadores, que sólo se puede dar en un teatro. En una película por fuerza tendríamos que ver o bien a los dos personajes se encuentran en un lugar plano, o bien a los dos al borde de un abismo. No podríamos imaginar por un instante esa falsa tridimensionalidad en la ficción del relato y después descubrir que ese abismo desaparece de nuestra conciencia. Edgar, o Shakespeare si se prefiere, logró hacernos creer que debíamos aceptar las convenciones teatrales y ver un abismo en un pequeño desnivel del teatro, para luego revelarnos que no era así, que lo que teníamos que haber visto, que lo que veía Edgar, era, en efecto, un pequeño desnivel, no muy diferente en la ficción del que se puede ver sobre las tablas del teatro.

Es un ejemplo magnífico de cómo se pueden plegar y desplegar las dimensiones en el escenario vacío de un teatro y en la imaginación de los espectadores.

Fuente: http://www.thecult.es/juego-de-espejos/el-rey-lear-en-tres-dimensiones.html

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