Ganimedes, el rollito gay de Zeus

Pintor de Pentesilea, Zeus cortejando a Ganimedes (detalle de cerámica griega, h.450 a.C.)  Museo Arqueológico Nacional, Ferrara

Pintor de Pentesilea, Zeus cortejando a Ganimedes (detalle de cerámica griega, h.450 a.C.) Museo Arqueológico Nacional, Ferrara

Ganimedes, el hijo del rey troyano Tros, era un adolescente guapo a rabiar. La Ilíada le describe como “el más hermoso de los mortales”, un piropo nada desdeñable. Desde bien pequeño, su padre le había puesto a trabajar como pastor, vigilando sus rebaños en el monte, para que fuese curtiéndose al aire libre (era una familia real un tanto rústica). Un buen día, Zeus vislumbró al chico desde las alturas y se encaprichó de él. El jefe de dioses no tenía paciencia para el cortejo (lo suyo eran las conquistas tipo rapto), así que se transformó en águila, bajó planeando hasta las montañas y se llevó al pastorcillo volando por los aires. Para poder meter al chaval en casa sin levantar sospechas, Zeus nombró a Ganimedes copero oficial de los dioses, quitándole el puesto a Hebe, una de sus pocas hijas legítimas (el copero era el encargado de servir el néctar a los dioses, una bebida parecida al vino pero mucho más rica.) La maniobra no fue precisamente hábil. Hera, la esposa de Zeus, se puso hecha una furia: no sólo le estaba poniendo los cuernos con un chavalín imberbe, sino que además había tenido la desfachatez de dejar a su querida hija en paro. La bronca debió ser monumental, pero mereció la pena: como residente del Olimpo, Ganimedes se había convertido en un ser inmortal y su belleza perfecta no se marchitaría nunca. ¿Y qué pasó con el pobre rey de Troya, que lloraba desconsolado la pérdida de su hijo? Zeus le envió como compensación dos caballos divinos, tan veloces que podían galopar sobre el agua sin hundirse. Las lágrimas se le secaron al instante porque hombre, ya se sabe, el chaval era majete y sangre de su sangre, pero es que los caballos…

El mito del rapto de Ganimedes tuvo muy buena acogida en la antigua Grecia ya que justificaba la práctica de la pederastia: “si Zeus puede, podemos todos”. La figura del padre de Ganimedes, con su buen conformar, simbolizaba el consentimiento de este tipo de relaciones por parte de los progenitores. Recordemos que en Grecia la pederastia no solo era aceptable, sino que estaba bien vista entre las clases altas. Era una relación consentida entre un adolescente (erómenos) y un hombre maduro (erastés), que actuaban como discípulo y mentor respectivamente. El adulto estaba encargado de transmitir al chico sus conocimientos sobre la vida y le enseñaba cómo comportarse en sociedad.  Generalmente, la pederastia estaba precedida por un cortejo previo y el chico era libre para decidir si aceptaba o no a ese pretendiente. Algunas veces eran relaciones castas (amor platónico) y otras veces, no. La acepción actual del término no tiene mucho que ver con lo que significaba entonces. De hecho, las mujeres también se casaban más o menos a esa edad, aunque ellas, evidentemente, no podían elegir con quien. En una época en que la esperanza de vida era corta y la mortalidad infantil muy alta, más valía empezar a procrear pronto.

Pintor de Pan, Ganimedes (cerámica griega, h. 470 a.C.), Metropolitan Museum, Nueva York

Pintor de Pan, Ganimedes (cerámica griega, h. 470 a.C.), Metropolitan Museum, Nueva York

En las representaciones antiguas del mito, que podemos ver en cerámicas griegas como las de aquí arriba, Ganimedes aparece siempre como un joven imberbe (a diferencia de Zeus que, como es adulto, lleva barba). Para que se note que es casi un crío, puede estar jugando con un aro, pero su atributo más característico es el gallo, un regalo de su novio Zeus (era uno de los presentes habituales en las escenas de cortejo homosexual). Normalmente, Zeus aparece en forma humana, persiguiendo, cortejando o raptando al chico. Uno de los ejemplos más famosos del rapto de Ganimedes es esta escultura de terracota del periodo griego arcaico. El artista ha hecho a Ganimedes más canijo, para demostrarnos que su secuestrador es mayor que él. Zeus le lleva agarrado con un solo brazo, gallo incluido, y camina decidido hacia el Olimpo apoyándose en un bastón. La sonrisa que lleva puesta no es de satisfacción, es la llamada sonrisa arcaica que aparece en todas las esculturas de esta época (ya estén felices y contentos o muriéndose desangrados).

Zeus raptando a Ganimedes (terracota griega del periodo arcaico, h.480-470 a.C)  Museo Arqueológico de Olimpia

Zeus raptando a Ganimedes (terracota griega del periodo arcaico, h.480-470 a.C) Museo Arqueológico de Olimpia

El mito de Zeus y Ganimedes siguió representándose durante toda la antigüedad (con Zeus en formato águila a partir de la época clásica), desapareció con la llegada del cristianismo y volvió a ponerse de moda en el Renacimiento. A pesar de lo escabroso del tema, se las apañaron para darle un significado religioso a la historia. En el siglo XIV, el monje benedictino medieval Petrus Bercorius escribió un libro titulado Ovidio moralizado, en el que asociaba a Ganimedes con la figura de San Juan Evangelista, cuyo símbolo era también un águila (evidentemente, el águila de Juan no se lo llevaba volando hasta su nido para hacer cochinadas con él, pero eso era un detalle que podía obviarse). Para algunos humanistas, Ganimedes se convirtió también en un símbolo del alma humana, que era transportada por Dios (águila) hacia el cielo. El caso es que el mito de Zeus y Ganimedes era un tema ideal para los techos de los palacios, con el águila y el efebo volando entre nubes, y había que buscar la excusa perfecta para poder pintarlo.

En este fresco de la Villa Farnesina, Baldassare Peruzzi pinta un Ganimedes rubito, andrógino y muy casto que, mientras se agarra al ala del águila con una mano, sujeta el trapito con la otra, para no enseñar más de la cuenta. Lo único que no me acaba de cuadrar es la dirección en la que le vuela el pelo, porque se supone que van hacia arriba, ¿no? Aun así, es precioso.

Baldassare Peruzzi, El rapto de Ganimedes (h. 1510), Villa Farnesina, Roma

Baldassare Peruzzi, El rapto de Ganimedes (h. 1510), Villa Farnesina, Roma

Esta otra versión de Correggio forma parte de una serie de cuatro pinturas sobre los amoríos de Zeus. Ganimedes, que se ha quedado con el trasero al aire, se agarra con fuerza a las plumas del ave para no caerse, pero por lo demás no se le ve demasiado apurado, como si ser raptado por un águila fuese lo más natural del mundo. El formato alargado del lienzo contribuye a crear una sensación de movimiento ascendente, al igual que el punto de vista bajo y la dirección de la mirada del perro, que se queda en tierra ladrando mientras ve como su amo desaparece con el pájaro.

Antonio Allegri da Correggio, El rapto de Ganimedes (1531-1532), Kunsthistorisches Museum, Viena

Antonio Allegri da Correggio, El rapto de Ganimedes (1531-1532), Kunsthistorisches Museum, Viena

Unos años más tarde, ya en el Barroco, Rubens pintó dos cuadros sobre este tema. En el primero de ellos, una obra más de juventud, Ganimedes ya ha llegado al Olimpo. Le vemos sentado cómodamente en el regazo de Zeus mientras Hebe le entrega la copa, en pleno traspaso de poderes. Al fondo, los dioses celebran un banquete. La segunda versión fue un encargo de Felipe IV para la Torre de la Parada y es mucho más barroca. Rubens pinta a un Ganimedes algo falto de ejercicio o sobrado de alimento, que patalea para intentar escapar del águila (por fin uno que se resiste). Las dos figuras se entrelazan formando una espiral llena de tensión y dinamismo.

Peter Paul Rubens, Ganimedes (1611-1612), The Princerly Collections, Lichtestein

Peter Paul Rubens, Ganimedes (1611-1612), The Princerly Collections, Lichtestein

Peter Paul Rubens, El rapto de Ganimedes (1936), Museo del Prado, Madrid

Peter Paul Rubens, El rapto de Ganimedes (1936), Museo del Prado, Madrid

Por su parte, Rembrandt pintó una versión moralizante del tema, encargo de un mecenas calvinista. En vez de ilustrar el mito a la manera clásica, el artista retrata a Ganimedes como un niño de pecho que está siendo raptado por un temible pajarraco. La criatura está tan aterrorizada que se está haciendo pis de puro miedo. A pesar de ser una obra contemporánea a la segunda versión que había hecho Rubens, la forma de tratar el tema no puede ser más distinta (católicos vs. protestantes)

Rembrandt van Rijn, El rapto de Ganimedes (1635), Gemäldegalerie, Dresde

Rembrandt van Rijn, El rapto de Ganimedes (1635), Gemäldegalerie, Dresde

Y acabamos el paseo con esta preciosa obra del escultor danés Bertel Thorvaldsen. Ganimedes se arrodilla en el suelo para darle de beber el néctar a Zeus, que debe estar agotado después del vuelo. Como buen escultor neoclásico, Thorvaldsen evita representar el momento del rapto. En esa época, preferían las obras armónicas, reposadas y equilibradas. Vistas de frente, las dos figuras forman un triángulo casi perfecto. Ganimedes va completamente desnudo, aunque tiene el trapito al lado por si refresca, y lleva el gorro frigio típico de los pastores.

Bertel Thorvaldsen, Ganimedes con el águila de Zeus (1817), Museo Thorvaldsen, Copenhague

Bertel Thorvaldsen, Ganimedes con el águila de Zeus (1817), Museo Thorvaldsen, Copenhague

Fuente: harteconhache.com

¡Click aquí para regresar a la página de inicio del blog!

Anuncios