El Emplazado (leyenda)

FIVemplazadoA lo largo de la historia se suceden episodios en que a alguien se le anuncia la muerte como castigo por algún crimen o injusticia cometidos, se le emplaza a dar cuenta de sus actos.

Esta es la historia de un crimen y de su, al parecer, injusto castigo y de cómo gracias a ello el rey Fernando IV de Castilla pasó a la historia con el sobrenombre de “El Emplazado”. El crimen se cometió en Palencia. Un caballero de la corte del rey fue asesinado por rufianes emboscados a la salida de una taberna. Los asesinos no fueron encontrados.

Pasado el tiempo, se encontraba el rey en campaña contra los moros, intentando arrebatarles la villa de Alcaudete. Estando acampado en Martos (Jaen), le presentaron a dos hermanos, Pedro y Juan de Carvajal, que al parecer eran los autores del asesinato de Palencia. El rey, que tenía prisa por llegar a Alcaudete, dictó pena de muerte para ambos basándose solo en indicios y desoyendo las protestas de los dos acusados, que juraban su inocencia.

Para dar escarmiento ante futuros crímenes, eligió además una ejecución terrible: Se encerraría a cada reo en una jaula de hierro forrada por dentro con agujas, clavos, pinchos y cuchillas, y a continuación serían arrojados desde la Peña de Martos. Cuando los de Carvajal supieron la manera de morir tan cruel que el monarca les había reservado le emplazaron solemnementepara que, en el plazo de treinta días, compareciese ante el tribunal divino para rendir cuentas de sus actos.

MartosAl día siguiente los dos hermanos fueron despeñados. Las jaulas con sus sangrientos despojos fueron rodando hasta una explanada en la que esperaban los horrorizados ojos de la población de Martos. A continuación, el ejército continuó su marcha hacia Alcaudete.

Pero al poco tiempo, el rey cae enfermo. Es tan grave su estado que deciden retirarse a Jaen para que Felipe pueda recibir mejores cuidados. Seguro que al paso por Martos, más de uno miró las laderas de su peña acordándose de las palabras de los Carvajales. Quizás el mismo rey sintiera funestos presagios contemplando sus cumbres.

Cuando se cumplió el plazo, el rey había mejorado notablemente de su enfermedad y se encontraba prácticamente recuperado. Bromeaba sobre su estado de salud, se burlaba de los que habían temido por su vida y olvidó el asunto de los dos ajusticiados mientras comía y bebía en abundancia para celebrar su recuperación. Después de la comida se retiró a echarse la siesta.

Viendo que tardaba en levantar, sus criados acudieron a despertarlo, encontrándolo… muerto!. Tal vez, Fernando IV se encontraba con los Carvajales, intentando explicar su actuación ante instancias más elevadas…

Queda en Martos un rollo conocido como “La cruz del Lloro” que señala el lugar donde según la tradición fueron a parar las jaulas con los cuerpos de los dos desdichados hermanos.

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