PEÑÍSCOLA Y EL ENIGMA DEL CRÁNEO DEL PAPA LUNA. UN MISTERIO RESUELTO

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El 11 de abril de 2000 se produjo un hecho espectacular sobre la ya azarosa vida del famoso papa Luna de Peñíscola, Benedicto XIII. El cráneo que supuestamente pertenecía a tan ilustre personaje y que era conservado como reliquia en el palacio de Argillo, en Saviñán (Zaragoza) había desaparecido envuelto en el mayor de los misterios.

Pocas semanas después comienzan a recibirse cartas amenazadoras exigiendo un rescate en metálico a cambio de su devolución, una correspondencia que terminó abruptamente el 12 de septiembre del mismo año, cuando la Guardia Civil recuperó la reliquia y detuvo a dos hermanos vecinos del mismo Saviñán. La noticia del temerario secuestro dio la vuelta al mundo y apareció en los principales periódicos internacionales, aunque como suele decirse, no hay mal que por bien no venga, puesto que de encontrarse en una situación de olvido absoluto, el cráneo papal pasó a ser requerido por diversos pretendientes a cual más atractivo: el Gobierno aragonés lo declaró Bien de Interés Cultural, mientras que los Ayuntamientos de Illueca (localidad de nacimiento) y de Peñíscola se apresuraron a reivindicarlo como patrimonio local de indiscutible valía.

Bajando a los calabozos del castillo de Peñíscola. Autor, Jexweber.fotos

Bajando a los calabozos del castillo de Peñíscola. Autor, Jexweber.fotos

Pero, ¿qué hay de cierto en la historia de la reliquia? Tras su muerte en 1423 en su palacio-fortaleza de Peñíscola, actualmente hito turístico de primer orden, los restos de Benedicto XIII fueron trasladados a su palacio natal de Illueca para descansar en paz hasta el siglo XVIII, cuando durante la Guerra de Sucesión las tropas borbónicas llegaron al lugar y cometieron toda clase de tropelías. No se salvaron ni los muertos, y así la tumba papal fue destrozada y los restos de Pedro Martínez de Luna arrojados a un barranco para pasto de alimañas. Se dice que alguien pudo recuperar el cráneo y que tras muchos avatares terminó descansando en Saviñán, pero la cosa no dejó de albergar dudas y perteneció al terreno de la leyenda hasta el año 2004, cuando la prueba del carbono 14 determinaba con casi total fiabilidad que los restos eran, efectivamente, de la época en que vivió Benedicto XIII.

Reconstrucción del cráneo del papa Luna, a partir del relicario de San Valero

Reconstrucción del cráneo del papa Luna, a partir del relicario de San Valero

En una jugada maestra propia de un film de Indiana Jones, los investigadores decidieron llegar hasta el final y aterrizaron en la Seo de Zaragoza (catedral de San Salvador). ¿El motivo? Observar muy de cerca el famoso relicario de San Valero, conservado de aquella época, pues siempre se había dicho que el rostro de la figura era copia exacta de la cara del papa Luna. El estudio comparativo desveló, efectivamente, que la coincidencia con el cráneo en litigio era asombrosa, coincidente en todos los detalles salvo en uno: la nariz. La frustración de los forenses duro poco, sin embargo, pues después se supo que aquella fue modificada en el relicario para evitar el característico perfil aguileño de Benedicto XIII. Un pequeño gesto de vanidad que no consiguió despistar a la ciencia.

Hermosa vista nocturna de la ciudad. Jexweber.fotos

Hermosa vista nocturna de la ciudad. Jexweber.fotos

 

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