LA LEYENDA DE LATONA*…


Latona, madre de Apolo y Diana, y amante de Júpiter, fue condenada a una huida perpetua por su rival Juno. Un día, cuando llegaba al sur de la actual Turquía, se acercó a un lago para saciar su sed. Los campesinos del lugar se lo impidieron y, furiosa, les lanzó un maleficio que les convertiría en ranas. Este episodio, narrado por Ovidio en el Libro VI de sus Metamorfosis, inspiró el estanque de Latona.

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La rivalidad entre Latona y Juno

Latona, asimilada a Leto en la mitología griega, es la hija del titán Ceo y la titánide Febe. Convertida en amante de Júpiter, da a luz dos hijos suyos, Diana y Apolo.

Cuando Juno, esposa de Júpiter, se entera de este embarazo, se ve invadida por una cólera devastadora. Decreta el exilio del universo de su rival, y prohíbe a todas las tierras acogerla en el momento del parto. Condenada a una huida perpetua, Latona inicia un periplo sin final a través de la Tierra, y consigue encontrar un refugio temporal en la isla de Delos, donde da a luz a Apolo y Diana.

Con sus dos gemelos apenas llegados al mundo, Latona debe volver a emprender la huida para escapar a la ira de Juno. Su periplo la conduce hasta los confines de Licia, donde acaece el episodio ilustrado en el centro del jardín de Versalles.

El sol se pone por encima de Latona © EPV / Thomas Garnier

El sol se pone por encima de Latona © EPV / Thomas Garnier

El encuentro entre Latona y los campesinos de Licia

Durante su huida, Latona llega un día a Licia, una región de Asia Menor situada al sur de la actual Turquía. Exhausta y sedienta, decide detenerse y percibe, al fondo de un valle, un lago en cuya orilla un grupo de campesinos se afana en recoger juncos y algas. Atraída por las límpidas aguas del lago, se acerca para saciar su sed. Cuando se agacha para beber, los campesinos se oponen y le prohíben beber. Latona, sorprendida, intenta calmarlos y les responde de esta guisa:

«¿Por qué me prohibís estas aguas? El agua pertenece a todo el mundo. La naturaleza, buena y sabia, hizo para todos el aire, la luz y las olas. Yo sólo quiero disfrutar de un bien común a todos y, sin embargo, os lo pido como un favor. Mi intención no es refrescar mi cuerpo extenuado, sino saciar mi sed. Tengo la boca reseca y apenas puedo hablar. Esta ola será para mí como un néctar; permitidme utilizarla y reconoceré que os debo la vida. ¡Ah! Dejaros conmover por estos dos niños que, prendidos a mi pecho, os tienden sus débiles brazos».

Insensibles a sus súplicas, los campesinos persisten en su rechazo. Ordenan a Latona que abandone el lugar, y para asegurarse de que no pueda beber, se meten en el lago. Remueven el fondo con los pies y agitan el agua con sus brazos, levantando a la superficie una espesa capa de cieno.

Un campesino, con la mirada dirigida hacia Latona y sus hijos © EPV / Thomas Garnier

Un campesino, con la mirada dirigida hacia Latona y sus hijos © EPV / Thomas Garnier

La cólera de Latona y la metamorfosis

Con la cólera, Latona se olvida de su sed y, levantando las manos al cielo, lanza un grito: «¡Que viváis para siempre en el lodo de vuestro lago!». Inmediatamente, su deseo se cumple y la metamorfosis comienza.

Como si hubiesen enloquecido, los campesinos se lanzan de repente al lago: se sumergen y vuelven a salir, para volver a sumergirse, nadan hasta el fondo, salen a la superficie, asomando la cabeza fuera del agua antes de volver a desaparecer de nuevo. Mientras lo hacen, siguen injuriando a Latona, sus gritos se pueden escuchar incluso cuando están debajo del agua.

Pero sus voces ya son distintas, sus gargantas se hinchan, sus bocas se ensanchan, sus cabezas se hunden en los hombros, sus espaldas se vuelven verdes, sus vientres se abultan al tiempo que se ponen blancos… Convertidos en ranas, los campesinos de Licia, vivirán para siempre en el lodo de su lago, cumpliendo la condena de Latona.

La metamorfosis de los campesinos © EPV / Thomas Garnier

La metamorfosis de los campesinos © EPV / Thomas Garnier

La representación de este episodio en el jardín de Versalles

En el estanque de Latona, en pleno centro del jardín de Versalles, se representa este episodio entre Latona y los campesinos de Licia.

La parte más alta del grupo escultórico se realizó en mármol blanco. Los dos niños, Apolo y Diana, tienden sus brazos suplicantes hacia los campesinos. Latona ya ha levantado los ojos al cielo y su boca entreabierta sugiere la maldición pronunciada contra los campesinos. La blancura resplandeciente del grupo ofrece un contraste asombroso con las figuras de plomo dorado instaladas en los niveles inferiores.

Seis campesinos, mitad hombres mitad ranas, están metamorfoseándose. Algunos aún conservan, casi intacta, su apariencia humana. Otros han terminado prácticamente su transformación: sus bocas son anchas y redondas, sus manos se han transformado en palmas… Los chorros de agua evocan las injurias pronunciadas contra Latona y que tuvieron como resultado su metamorfosis.

Un cielo de tormenta encima del estanque de Latona © EPV / Thomas Garnier

Un cielo de tormenta encima del estanque de Latona © EPV / Thomas Garnier

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