La oscura leyenda del Guardia de Corps*…

Plaza-de-Guardias-de-Corps-e1365026541181Madrid es una ciudad llena de encantos, pero también llena de encantamientos y de casas encantadas…Ya dediqué un artículo en esta sección a la famosa casa de las siete chimeneas y al fantasma de la misteriosa dama, que paseaba por sus tejados, con una antorcha en la mano, erizando los vellos a su supuesto amante, el mismísimo rey, Felipe II.

Y ahora, fecha del Día de Todos los Santos, pero el “nuestro”, el tradicional, lejos de la herencia americana de Halloween, toca hacer un homenaje a otro puñado de almas en pena, que corrieron por los mentideros de Madrid, en distintas épocas históricas, y que convirtieron a la capital en una ciudad de misterios y leyendas oscuras.

damas

Una de ellas cuenta que uno de los soldados de la Guardia del Corps, don Juan de Echenique, paseaba una noche tranquila por la calle de San Justo, intentando con su porte varonil y elegante uniforme pasar una buena noche de damas.

dama-flor-22Una luz se prendió en uno de los balcones, alzó la cabeza, y pudo ver el contorno sinuoso y atrayente de una bella mujer.

No acertó a creerlo cuando oyó que ella le llamaba por su nombre:

“Subid, don Juan, subid; yo misma os abriré el portón”.

Soldado destacado como guardia del Rey entre 1823 y 1830

Soldado destacado como guardia del Rey entre 1823 y 1830

Don Juan subió, alcanzó la estancia, y logro alcanzar también el cuerpo de la sensual y apasionada dama, con la que toda la noche estuvo en fogosos amores.

Cuando las primeras luces entraron por la ventana, Don Juan se vistió presuroso y salió de la estancia apurado, ya que se había pasado de la hora en que había de estar en su puesto en la Guardia.

A mitad de camino, se dio cuenta de que se había olvidado su espadín en el aposento de la dama, y volvió sobre sus pasos para recuperar su arma. Llamó a la puerta. Nadie abría. Insistió golpeando varias veces con los nudillos. Silencio.

¿Qué ocurría? ¿Acaso la dama se había quedado profundamente dormida tras la ardiente noche?

Al cabo de unos instantes, un anciano abrió la puerta y miró sorprendido a Don Juan. “¿Qué deseáis, caballero?, ¿en que se os puede servir?”. Don Juan, un tanto aturdido, preguntó por la bella dama, de la que ni siquiera sabía el nombre, y señaló al anciano su intención de recuperar el espadín olvidado.

“Lo siento, caballero, no sé de qué dama me habláis. Esta casa lleva años abandonada, aquí no vive nadie; sólo estoy yo, que soy el guarda”.

El anciano, viendo el atolondramiento del joven soldado y su cara pálida entre el temor y la incredulidad, le acompañó al interior donde, efectivamente, no quedaban restos del elegante aposento donde había pasado la noche, ni de la bella y apasionada joven.

La leyenda cuenta que don Juan, creyendo que aquel siniestro y asombroso suceso era un castigo al pecado de su vida licenciosa y sus avatares mujeriegos, hizo acto de arrepentimiento dejando su espadín como ofrenda, a los pies del Cristo de los Guardias del Corps.

arquehistoria.com

¡Click aquí para regresar a la página de inicio del blog!

Anuncios