La matanza de los Abencerrajes (entre la historia y la leyenda de palacio)*

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Las luchas por el poder y las consecuentes guerras entre clanes y familias estaban a la orden del día en el calendario alhambreño. Las matanzas masivas de uno y otro bando eran habituales, de ahí que la historia rompa la idealizada convivencia pacífica entre las tres culturas.

La leyenda de los Abencerrajes contiene una gran dosis de verdad histórica. Sa’d, el vigésimo rey de Granada, padre del mítico Muley Hacén y su hermano El Zagal, vio sorprendido cómo crecía el poder de sus fieles guerreros, de los Abencerrajes, que eran apoyados por la misma población. Dado que Muley ejercía de monarca más que su propio padre Sa’d, decidió reunir a los caudillos Abencerrajes y comunicarles que Sa’d había decidido abdicar.

Así las cosas, los jefes principales del clan de los Abencerrajes fueron llamados a palacio y todos ellos ascendieron la colina de la Alhambra. A las puertas fueron recibidos por las sonrisas irónicas de Muley Hacén y El Zagal. Colocaron a la guardia real en posiciones estratégicas y recibieron con amabilidad y rostros risueños a los nobles guerreros. Una vez en el Patio de los Leones les hicieron pasar a una sala donde debía hacerse el anuncio de la abdicación, pero les esperaban los esclavos negros de Sa’d.

A los abencerrajes los iban amarrando de pies y manos, les tendían sobre las losas de mármol y les metían toallas en la boca para que no gritaran. Luego los arrastraron hasta la taza de mármol que se encuentra en el centro de la sala y allí les injuriaron, les aplicaron los más refinados tormentos y al final los degollaron uno a uno. La sangre de los Abencerrajes salpicó los techos y paredes de este espacio de las estancias alhambreñas, cuyo nombre quedó vinculado para siempre con este episodio.

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Luego, la leyenda diría que las manchas rojas existentes en la fuente se deben a la presencia extrasensorial de la sangre de los Abencerrajes. Como diría Anthony Blake, todo lo que ven es fruto de su imaginación, y la sangre de esta saga de nobles nazaríes sólo es el óxido de la fuente de la Sala de los Abencerrajes. Lo demás no tiene sentido.

No obstante, este sangriento y macabro episodio ha sido recreado por la literatura y el teatro, y se ha llegado a convertir en uno de los más conocidos crímenes cometidos en las salas nazaríes, inmortalizado también por algunos pintores.

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Abu Said, El Bermejo, décimo rey nazarí, alcanzó el trono con las manos manchadas de sangre al asesinar con ensañamiento a Ismail II. La táctica estuvo clara porque el sanguinario de El Bermejo tenía dinero en abundancia y podía hacer ‘compras’ para organizar un buen motín y asaltar las estancias palaciegas. Ismail, en aquel momento, se encontraba en empeños sexuales en el harén, en el palacio de Alixares. Fue alertado y se atrincheró junto a sus fieles.

Salió a la desesperada y la batalla duró un suspiro. Ismail II pasó un auténtico calvario a cargo de la muchedumbre. Lo despedazaron en las calles de Granada. La cabeza se la presentaron a los conjurados como un trofeo de guerra.

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