LAS BRUJAS DE ZUGARRAMURDI, O EL OSCURO MUNDO DE LA INQUISICIÓN (1ª PARTE)

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Sorginen Leizea” es una cueva de impresionantes dimensiones a medio kilómetro de Zugarramurdi, bello pueblo navarro situado en la comarca del Baztán. En sus profundidades corre todavía la Regata del Infierno, y se cree que allí tenían lugar los famosos ritos paganos denominados aquelarres, las reuniones de brujas y hechiceros en honor a Satán.

Sin duda, el lugar es propicio para creer que tales cosas sucedieron realmente. La cueva se abre en la tierra como una boca sin dientes, y bajo las bóvedas de más de 10 metros de altura resuena con fuerza el fragor del río que la atraviesa, buscando a ciegas una salida, más allá de su cripta de piedra, para huir seguidamente entre saltos y rápidos hacia los densos robledales que sombrean toda la región.

Pero lo asombroso es que Zugarramurdi tiene realmente una historia de aquelarres para contar, y que fue protagonista cierto de un proceso inquisitorial contra las brujas y los actos de brujería que supuestamente asolaban toda la región.

2. Auto de Fe. Obra de Pedro Berruguete. 1495

Auto de Fe. Obra de Pedro Berruguete. 1495

En 1610, con el reinado de Felipe III, los inquisidores Alonso Becerra Holguín y Juan Valle Alvarado llevaron adelante una auténtica caza de brujas que se centró en esta localidad navarra, basándose en las declaraciones realizadas por una joven llamada María de Ximildegui.

En el relato la muchacha aseguraba haber tenido sueños extraños, que volaba y que había visto a varias personas del pueblo participando en aquelarres satánicos. Finalmente y como resultado de tales declaraciones, quedaron inculpadas más de trescientas personas, de las cuales cincuenta y tres fueron declaradas culpables y trasladadas a las oscuras cárceles de la Inquisición en Logroño…

Pero ¿cuál fue el destino que hubieron de soportar los acusados en aquellos inicios del otoño de 1610? ¿En qué consistían aquellos temidos procesos, los métodos de los que se valía la Santa Inquisición para sentenciar o exculpar a los reos de los más horrendos crímenes, aún sin haberlos cometido?

3. Bosques y prados junto al pueblo. Autor, Worldsinfocus

Bosques y prados junto al pueblo. Autor, Worldsinfocus

4. Noche de brujas en el bosque navarro. Autor, Dorron

Noche de brujas en el bosque navarro. Autor, Dorron

El procedimiento inquisitivo fue creado por la Iglesia durante los siglos XIII y XIV con el objeto de descubrir con eficacia a los herejes y sospechosos de brujería. El mecanismo se ponía en marcha de forma independiente de las actuaciones de la Justicia al uso, lo que confería a los inquisidores un poder extraordinario. 

Un simple testimonio “de algunas personas buenas y honradas”, actuando a menudo por venganza o coacción, y ciertos indicios recabados en la zona podían llevar a una citación formal del sospechoso, que desde ese momento pasaba a estar en busca y captura.

El presunto brujo se presentaba de forma voluntaria o forzada a la autoridad y se procedía a su encarcelamiento, al tiempo que todos sus bienes quedaban automáticamente confiscados por el tribunal.

5. La cueva de Zugarramurdi. Autor, Mr. Groka

La cueva de Zugarramurdi. Autor, Mr. Groka

El proceso se iniciaba con la citación del reo en la “sala del secreto”, donde se hallaban sobre el estrado los inquisidores junto al fiscal, y con un notario en una mesa anexa para copiar todas las declaraciones que allí se efectuasen.

Lo normal era que los detenidos quisiesen autoinculparse de hechos que revestían poca gravedad, con el objetivo de esquivar las acusaciones más graves de brujería, de modo que el inquisidor mandaba encerrar a los reos durante varios días en las celdas del edificio antes de someterles a una nueva audiencia.

En caso de mantenerse el preso en la misma actitud, el procedimiento seguía su curso y se abría la fase acusatoria.

6. El vuelo de la bruja. De la colección Los Caprichos. Francisco de Goya, 1799

El vuelo de la bruja. De la colección Los Caprichos. Francisco de Goya, 1799

El fiscal procedía a la lectura de la acusación en la que se contenían todos los cargos que se habían conseguido acumular contra él.

Si el acusado negaba los cargos, el tribunal pasaba a nombrarle un abogado pagado por el propio reo, quien se comprometía bajo juramento a ayudar fielmente al preso y defenderlo de todas las acusaciones vertidas durante el proceso (aunque si en cualquier parte del mismo se descubría que el acusado era culpable, el letrado tenía la obligación de abandonar la defensa).

Los medios para probar que el reo era culpable fueron fundamentalmente dos: la propia confesión voluntaria, y la prueba testifical. La primera no era ni mucho menos habitual, como puede suponerse, de modo que todo el trabajo del fiscal y el abogado debía apoyarse en el segundo mecanismo, basado en el testimonio de testigos.

7. Niebla en el valle. Autor, Elarequi61

Niebla en el valle. Autor, Elarequi61

8. Víctima del tormento del potro. Autor desconocido. Óleo sobre lienzo. 1870

Víctima del tormento del potro. Autor desconocido. Óleo sobre lienzo. 1870

Sin embargo, las instrucciones partían del principio de que tanto la condena como la absolución del reo debían descansar en la confesión del propio reo. Esto significaba que la declaración de supuesta brujería debía obtenerse muchas veces mediante sometimiento y tormento.

La aplicación de tortura se hacía conforme a una normativa muy precisa: el acusado era conducido a la “sala del tormento”, lugar en el que se encontraba, además del ejecutor, un notario del secreto, dos inquisidores y el médico del tribunal.

El medio de tormento más utilizado fue el torno, en el que el reo era tendido sobre una mesa sujetándole los pies a un punto fijo, mientras las manos se ataban a una cuerda enrollada en una rueda o torno, que hacía girar el verdugo. La tensión creciente de la cuerda originaba un estiramiento inhumano de todo el cuerpo, con el consiguiente dolor en músculos y articulaciones.

El proceso de tormento podía durar varios días, intercalados con nuevos interrogatorios y periodos de aislamiento que se repetían una y otra vez hasta que, finalmente, el preso manifestaba de forma inequívoca su voluntad de declarar.

9. Paisaje de otoño en el valle de Baztán. Autor, Canduela

Paisaje de otoño en el valle de Baztán. Autor, Canduela

La sentencia se leía en privado cuando era absolutoria, o en el curso de un acto público solemne llamado Auto de Fe, donde se señalaban las penas en función de la gravedad del delito.

Éstas eran comúnmente la abjuración (en caso de sospecha leve de brujería), que obligaba a la realización de determinados actos penitenciarios durante las misas de los domingos; penas privativas de libertad, a menudo perpetuas y que llevaban aparejadas por lo común la confiscación definitiva de los bienes del reo, y por supuesto multas, destierros, azotes y humillaciones públicas diversas. 

Entre estas últimas se encontraba oír misa descalzo en el altar mayor, a la vista de todos los asistentes, o realizar una procesión en actitud humilde y arrepentida de penitencia. Solo cuando el supuesto brujo persistía en su error se procedía a condenarlo a excomunión y pena capital, para lo cual era entregado a la justicia ordinaria encargada de organizar el acto público correspondiente: en casos de brujería, el suplicio y muerte en la hoguera.

10. Valle del Baztán en invierno. Autor, Arnofoto.fr

Valle del Baztán en invierno. Autor, Arnofoto.fr

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  1. Esta es una leyenda que me tiene atrapado desde hace mucho he leído mucho sobre el tema y cada vez estoy más convencido que fue en principio una venganza personal que se fue de las manos y no supieron dar marcha atrás y por ello murieron muchos inocentes o más bien todos lo que murieron eran inocentes.
    Que allí no hubo nunca brujas, ni brujería, quizás santeras si, pero nunca brujas.

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