La Leyenda del Hornero*

Frente a su Tapýi (rancho), cantando alegremente, pasaba sus días aquel ava (hombre) que trabajaba con destreza el ñai’û (arcilla) con sus ágiles dedos para hacer vasijas y otros enseres diversos. Luego de pulirlas, las horneaba y quedaban listas para ser usadas. Sin dudas, era el mejor alfarero de la aldea.

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Un día, al visitar la aldea vecina, conoció a una hermosa kuñataî (muchacha), también del mismo oficio tan habilidosa como él. Enseguida, con inmensa alegría, se enamoraron y decidieron casarse. Fueron a comunicar a los Paje de sus respectivas aldeas la buena nueva.

Éstos consultaron con los Ñanderu (Nuestros Padres) y ambos dijeron haber escuchado malos presagios para la nueva pareja. Enterado los respectivos mburuvícha (Jefes), de los malos augurios, prohibieron el enlace.

Entonces, desoyendo los consejos y las órdenes, los enamorados decidieron fugarse y buscar la felicidad en el aislamiento de la selva. Allá, en la densa floresta instalarían su hogar y lograrían ser dichosos. Pero, tanta desobediencia no podía ser tolerada. Prestamente, unos flecheros salieron en persecución y los mataron en el sotobosque.

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La antigua leyenda cuenta que los jóvenes enamorados se convirtieron en ésas hermosas y simpáticas aves llamadas Horneros o Aloncitos que, cuando se encuentran durante sus andanzas, hacen grandes demostraciones de alegría lanzando alborozados cantos.

Tal vez, ése jubilo sea el recuerdo del amor de antaño que tuvo un fatal desenlace. Como buenos alfareros que fueron, construyen su nido de barro batido, en forma de hornitos, en las horquetas de los árboles o lugar apropiado.

Versión de Girala Yampey

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