Giambattista Vico – Una ciencia nueva*

El reconocimiento de Giambattista Vico como uno de los principales filósofos de la historia se ha producido en los dos últimos siglos. Durante su vida la fama y prestigio de los que hoy goza le fueron negados reiteradamente y tan sólo en su Nápoles natal obtuvo cierta relevancia, aunque no la suficiente para dejar atrás su mísera vida. Nació en 1668.

Su padre era un librero pobre y su madre la hija de un carrocero. Los primeros años de su vida están marcados por la enfermedad. El empeño de su padre logró que estudiase Derecho en la Universidad de Nápoles, aunque su asistencia a las clases de la Facultad de Jurisprudencia fue nula y, algo habitual en su vida, prefirió aprender por su cuenta encerrándose en la biblioteca de los frailes menores.

Tras una breve incursión en el mundo de la abogacía, el obispo de Ischia consiguió que Vico se hiciese cargo de la educación de los hijos de su hermano, el marqués de Rocia. Con este fin se trasladó al castillo de Vatolla del Cilento donde permaneció durante siete años. En 1694 regresó a Nápoles y tuvo que ganarse la vida escribiendo elogios por encargo para bodas, funerales, etc.

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Cinco años más tarde logró hacerse con la cátedra de retórica de la Universidad de Nápoles, pero los ingresos que obtenía eran tan escasos que no le permitieron abandonar sus encargos. Años más tarde, en 1723, aspiró a la cátedra de leyes en esa misma universidad pero fue rechazado, lo que acentuó su carácter ya de por si solitario. En 1741 abandonó su cátedra de retórica y perdió la memoria durante los últimos años de su vida. Falleció en 1744.

Vico escribió varias obras a lo largo de su vida, ninguna de las cuales consiguió superar el marco local del sur de Italia. La principal de ellas, Principios de una ciencia nueva, fue recibida con frialdad por los napolitanos. El lenguaje oscuro y difícil, el estilo pesado y excesivamente recargado y lo original de sus planteamientos impidieron que tuviese un éxito mayor.

Fue publicada en 1723 pero sufrió numerosas reediciones debido a las correcciones y modificaciones introducidas por el autor: entre 1723 y 1744 encontramos tres versiones sucesivas y un número elevado de copias apostilladas a mano por Vico.

Los Principios se dividen en cinco apartados en los que Vico muestra su erudición y la importancia que concede al conjunto de las humanidades. En el primero expone los principios de los que él considera una “ciencia nueva”.

El segundo trata sobre la sabiduría poética. En el tercero aplica sus teorías al descubrimiento de las “verdades homéricas”. En el cuarto se detiene en el estudio del curso que sigue la historia de las naciones. Y en el último se centra en el retorno de la “misma revolución cuando las sociedades destruidas se levantan sobre sus ruinas”.

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El objetivo de la obra es exponer a través de un análisis elaborado, metódico y lleno de datos, los principios que fundamentan la “scienza nuova”. Vico logra conjuntar las tres condiciones mínimas para el surgimiento de la filosofía de la historia: el método científico, la fundamentación de la subjetividad humana y la categoría del proceso.

Será el primer filósofo que convierta la historia en una ciencia y lleve a cabo una profunda revolución metodológica en ella. Utiliza las tesis de Bacon y Grocio para combinar la primacía del documento (elemento propio de la filología) con la sistematización lógica de la filosofía. Para ello echa mano de diversas ciencias sociales (sociología, antropología cultural y semiología) que incorpora a sus planteamientos.

Según Vico el hombre sólo puede conocer aquello que crea. Por lo tanto, las únicas leyes “comprensibles” son las que provienen de los actos de los hombres. Las leyes de la naturaleza, por el contrario, no pueden comprenderse porque provienen de Dios. De este modo, el ser humano puede entender la historia porque es quien la concibe.

A través de este razonamiento confiere a la historia el estatuto de ciencia puesto que es el hombre (y no Dios, ni el azar, ni el “acaso”) quien la protagoniza. Busca remontarse hasta los orígenes de la humanidad

La concepción del progreso humano es también original en Vico. Ni es lineal, ni cíclico, se mueve en forma de espiral. La historia no se repite y los hombres pueden, a través de la aplicación de los principios de su ciencia nueva, detener la posible decadencia de las naciones. La historia deja de ser una mera narración de una serie de sucesos de la naturaleza humana estática, para ser la lógica de una evolución social y dinámica.

Divide la vida de las naciones en tres edades: La edad de los dioses, en la que predomina la sensibilidad y el sentido común y la personificación de las fuerzas de la naturaleza en divinidades terribles. La sabiduría en esta edad adopta una forma poética e imperan las repúblicas monásticas organizadas en regímenes teocráticos.

La edad de los héroes, en la que predomina la imaginación y la fantasía. La aristocracia es el sistema político preponderante y su derecho se basa en la fuerza. La edad de los hombres, en la que la razón y la reflexión prevalecen sobre la imaginación. Los plebeyos consiguen imponerse a los patricios y se organizan repúblicas democráticas e igualitarias.

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