Cultura Mochica: Magia sexual en el Perú antiguo*

¿La sexualidad en el antiguo Perú estuvo fuertemente emparentada con la fecundidad de la tierra?  El arte erótico mochica ha dejado un registro de la intensa actividad amorosa de los antiguos peruanos.

Lima - Museo Rafael Larco pottery Moche6_jpg

¿Qué intentaban decir los antiguos peruanos, especialmente los moches, a través de esa rica gama de huacos eróticos que fabricaron con celo descriptivo y que hoy, muchos siglos después, asombran por su variedad y desenfado? Se ha dicho que reflejan la intensa, casi envidiable sexualidad de los pretéritos pobladores de estos pagos.

Se ha dicho, también, que su arte buscaba fines pedagógicos e incluso que sus desproporcionados órganos, así modelados en tiesa arcilla, indicaban el abuso de sustancias tóxicas derivadas de la hoja de coca.

Federico Kauffman Doig se burla de esas creencias y asegura que dichas vasijas e incluso algunos monumentos arquitectónicos de perfil fálico contienen un mensaje mágico y religioso, y evidencian un arraigado culto a la fertilidad que surgió en una tierra avara y ruda, a la que sus habitantes primigenios lograron arrancar frutos solo luego de muchos esfuerzos.

El doctor Kauffman Doig, uno de los arqueólogos más inquietos de la actualidad, empezó a familiarizarse con los testimonios del erotismo en el antiguo Perú hace 40 años, cuando –recién graduado- fue tomado como secretario en el Museo Nacional de Arqueología y Antropología del Perú.

En esa época los huacos eróticos eran escondidos en cuartos bajo llave, ocultándolos de la mirada del público. Sólo tenían acceso a ellos los investigadores extranjeros recomendados por el ministro de Educación. Por lo común sus escenas nada veladas abochornaban o eran objetos de suspicacias y risitas mal reprimidas.

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Invitado por Mircea Eliade, Kauffman Doig participó en 1987 en su Encyclopedia of Religion con un capítulo sobre el Perú antiguo, una oportunidad valiosa que le permitió profundizar en la religión andina, la cual encontró estrechamente ligada a la magia sexual. De hecho, Kauffman Doig ya había sido autor de una pequeña obra acerca de la sexualidad moche.

Según señala con efusivos ademanes, la religiosidad andina ha sido totalmente distorsionada, inventada en buena cuenta en base a algunas leyendas tejidas por los misioneros para dirigir los pensamientos religiosos de acuerdo al cristianismo. De esta manera nació un dios postizo, Wiracocha, especie de Jehová peruano todopoderoso.

“Encontré que en el fondo era uno de los tantos nombres que recibía el dios del agua. Era muy importante porque el hombre de la antigüedad estaba sometido a tiempos de sequía o de lluvias torrenciales relacionadas a El Niño. Luego de una investigación en Apurimac pude concluir que los dioses del pasado no eran nada asexuados“.

Un dios que da el agua necesita de una contraparte, la Pachamama. Según las creencias prehispánicas el agua fecundaba a la Tierra, una mujer que procreaba y surtía de alimentos. La vida espiritual del antiguo Perú estaba impregnada del tema sexual. Los recipientes eróticos no tenían una función pornográfica sino mágica.

En algunos casos contenían esencias litúrgicas. Los grandes falos de sus vasijas no habrían tenido otro propósito que facilitar la bebida de dichos mejunjes. Sorbete o cañita, como le dicen. En todo caso, la feliz puesta en práctica de las artes amatorias podía considerarse, por mecanismo mágico, como un llamado a la abundancia de la Tierra y el exorcismo de la miseria.

Sin embargo, alejándonos de estas interpretaciones, hay detalles en la cerámica moche que muestran algunos usos particulares. La casi ausencia de besos durante la escena coital contrasta con el reiterativo manoseo mutuo, la mujer casi siempre estimula el miembro viril del varón mientras él roza el mentón de ella. El tema de la homosexualidad, masculina y femenina, también está presente en algunas vasijas.

“Es frecuente ver representaciones de coito per anum en el lecho mientras la mujer abraza un bebé. Esto refuerza la idea de que las madres de esa época no querían tener hijos mientras daban de lactar.

He visto en las mujeres del campo, hoy, que evitan concebir luego del parto, por el hecho de que ven suspendida su producción de leche. En la época antigua no había manera de conseguirla de otra fuente. Curiosamente la leche de llama no era usada”. La alta proporción de escenas de este tipo sugiere control de la natalidad.

Esto no quiere decir que los moches sólo recurrieran a esa práctica erótica con propósitos anticonceptivos.

“Probablemente era realizada sin otro fin que el goce”, agrega Kauffman Doig. “Después de todo, los moches eran personas como cualquier otra”.

Sus representaciones sexuales significan sólo el dos por ciento de su obra cerámica, lo cual echa por tierra aquella supuesta fijación por el sexo. Esto era apenas una parte de todas las actividades que pudieron plasmar con su inconfundible estilo. Las abundantes representaciones de mujeres manteniendo relaciones con esqueletos sugiere la concepción de alianzas amorosas que iban más allá de la muerte, en algún Cielo o Purgatorio de cuyos patéticos detalles ya nos es imposible tener testimonio.

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