El himno a la luna de Rusalka.

Rusalka es la ópera más conocida y querida del teatro lírico checo.

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Anna Netrebko / A. Dvořák – Rusalka

Rusalka es una ópera en tres actos con música de Antonín Dvořák y libreto en checo de Jaroslav Kvapil estrenada en Praga el 31 de marzo de 1901. El nombre de la ópera proviene de la mitología eslava, donde Rusalka es un espíritu del agua que vive en lagos o ríos.

Dvorák se valió de todos los recursos estilísticos de moda en aquella época, el desarrollo clásico, la técnica del leitmotiv, las formas del lied y del aria, todos ellos se sintetizan de manera armoniosa para ofrecer una mezcla interesante de los modismos de la música impresionista y tintes del expresionismo.

Algunas arias son en efecto similares a las melodías folclóricas, hay algunas armonías típicas de la música checa, el libreto recuerda a las baladas checas de Karel Jaromír Erben, pero sobre todo, la melodía y las palabras en checo corresponden perfectamente.

Traducción:
Luna, que con tu luz iluminas todo
desde las profundidades del cielo
y vagas por la superficie de la tierra
bañando con tu mirada el hogar de los hombres.
¡Luna, detente un momento
y dime dónde se encuentra mi amor!
Dile, luna plateada,
que es mi brazo quien lo estrecha,
para que se acuerde de mí
al menos un instante.
¡Búscalo por el vasto mundo
y dile, dile que lo espero aquí!
Y si soy yo con quien su alma sueña
que este pensamiento lo despierte.
¡Luna, no te vayas, no te vayas!

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El deseo de alcanzar lo que no tenemos es uno de los arquetipos culturales más arraigados de Occidente. La consecuencia del pacto entre los hombres y la naturaleza para alcanzar el objeto deseado no es la condenación final, sino comprobar que el resultado no nos satisface, simplemente porque el objeto es únicamente deseable cuando es inalcanzable.

Ana María Martínez durante el ensayo con vestuario de ´Rusalka' en Civic Opera House de Chicago. PHIL VELÁZQUEZ | CHICAGO TRIBUNE

Ana María Martínez durante el ensayo con vestuario de ´Rusalka’ en Civic Opera House de Chicago. PHIL VELÁZQUEZ | CHICAGO TRIBUNE

La historia de Rusalka es la misma historia que la de Fausto, la historia de un pacto que fracasa. Rusalka desea convertirse en humana para amar y ser amada por el príncipe. Pero cuando consigue su humanidad mermada, su frialdad le impide sentir la pasión imaginada. El príncipe se enamora de Rusalka desde el primer momento, pero pronto la abandona. Solamente cuando Rusalka vuelve al agua, condenada para la eternidad, el príncipe la desea y hace todo por recuperar lo imposible.

2701d902c932672732181f60646a062aLas rusalki son unas legendarias figuras de los cuentos de hadas de la tradición oral del Polesie, una región que abarca un amplio marco geográfico de varias provincias de Bielorrusia, Ucrania, Polonia y Rusia.

La primera aparición de las rusalki en la literatura europea se debe a un largo romance escrito en prosa por Jean d’Arras en 1394 bajo el título Roman de Mélusine de la Chronique de Melusine.

Melusine era una ninfa acuática con cola de serpiente que se casó con un mortal y de manera sobrenatural, cuenta el romance, influyó sobre el crecimiento espectacular y posterior caída de la casa francesa de Lusignan.

Llámese Sirena, Ninfa, Ondina, Melusina, Mermaid, Meerfrau, Mor-greg o Rusalka, las doncellas acuáticas son espíritus elementales con cuerpo y sangre que las une al mundo de los hombres, pero con ausencia de alma, lo que las une al mundo de lo sobrenatural.

Como La Sirenita de Hans Christian Andersen, su anhelo consiste en convertirse en humanas y poder amar, pese al dolor y la muerte.

En ese cuento del danés Andersen se inspiró vagamente Jaroslav Kvapil para escribir, en 1899, Rusalka, un bello cuento en tres niveles, el cuento infantil, la parábola moral y el mito, sin saber si alguien le pondría música alguna vez.

Rusalka, se enamora de un príncipe que acude a menudo a bañarse, y suplica a su padre, el espíritu de las aguas, ayuda para convertirse en mujer. Depués del célebre Himno o Canto a la luna, la pieza más famosa y apreciada de la ópera, una hechicera le concede el deseo a cambio de que pierda el habla.

Están a punto de casarse, pero entra en escena una princesa extranjera, de quien el caprichoso príncipe se enamora, porque también es hermosa. Y habla. Desterrada del reino de las aguas, ni ninfa ni humana, Rusalka recibe al príncipe que, arrepentido y enamorado, regresa a su amor acuático y muere en sus brazos a consecuencia de un beso fatal. Como tantas otras veces, se trata de una muerte por amor.

Junto con La novia vendida de Bedrich Smetana, Rusalka -opera de tres actos estrenada en Praga en 1901-, es la ópera más conocida y querida del teatro lírico checo. Dvorak había ya mostrado su interés por los temas del folklore checo en un conjunto de Poemas Sinfónicos inspirados en las baladas populares de Karel Jaromír Erben.

Después de su estancia en Estados Unidos, Dvorak terminaría sus días en su añorado y querido Viejo Mundo, siguiendo el ahnelo que había perseguido durante toda su vida, ser un simple músico bohemio.

Y adoptó un libreto centrado en un espíritu de las aguas, un antiguo motivo muy estimado por el romanticismo para hacer una música robusta, sana y sólida, con una peculiar fuerza sinfónica que convive con suaves melodías tradicionales checas, conjunto basado en el leitmotiv wagneriano sobre las relaciones no siempre armónicas del hombre con la naturaleza.

music/clasica

©Andrés Cifuentes

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  1. Siempre se habló de la belleza de las mujeres checas, y aquí en Anna Netrebko, se puede comprobar, poseedora además de una espléndida voz.
    Hermosa leyenda, gracias por compartirla.

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