Marco Polo.

La mentira de Marco Polo

Su nombre está asociado a grandes viajes y exploraciones, a aventuras y descubrimientos en una tierra, China, llena de misterios y sorpresas. Desde el siglo XIII el nombre de Marco Polo está enmarcado en los libros de Historia como uno de sus grandes nombres, sin embargo ahora se pone en dudas todos sus logros.

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Parece que los viajes de Marco Polo son un fraude, no en cuanto al viaje en sí y si en cuanto a lo pionero de los mismos, aunque en su época su apasionante vida era un modelo a seguir, hasta por el propio Cristóbal Colón. Así el italiano no fue el primero en llegar a Asia, a China, ya compatriotas suyos -los romanos del Imperio- habían llegado hasta allá 1.000 años antes.

Se documenta que en el año 166 d.C realizaron la ruta de la seda y llegaron a China. Todo ello bajo el mandato del emperador Marco Aurelio siendo recibidos por su homólogo chino, Han, en Changan, la capital.

Marco Aurelio

Marco Aurelio

El latinista Jean-Noël Robert, especialista en la historia de Roma, cuenta todo acerca de este contacto en su obra ‘De Roma a China, la ruta de la seda en la época de los césares’ tras más de una década de buscar las fuentes y decirle al mundo que Marco Polo no fue el primero en llegar a China.

El escritor afirma: “Cuando Marco Polo emprendió su viaje, ya hacía más de mil años que la relación entre el Imperio romano y China se había roto y las rutas habían sido completamente olvidadas.

Esto se debió principalmente a dos motivos: el primero es la inestabilidad política que castigó a los grandes imperios de la antigüedad a partir del siglo III y que hizo de los viajes algo muy peligroso; el segundo reside en el hecho de que a partir del siglo VII los árabes crearon una división tajante entre Occidente y Oriente que logró hacer olvidar que, con anterioridad, había existido comunicación entre estos dos extremos del mundo.

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Además, el viaje de Marco Polo resultó largo y muy complicado; así que, ¿cómo imaginar que en el pasado ya había sido posible recorrer esa ruta?”.

En el siglo II el Imperio Romano tenía una ‘cartografía’ muy definida de su mundo conocido así como de las rutas comerciales establecidas con muchas otras ciudades muy alejadas que tenían productos que ofrecer tan apreciados como la seda. “En la actualidad, son muy pocos los historiadores que se interesan por esta relación entre el Lejano Oriente y Occidente.

Para empezar, porque los documentos que poseemos en el lado occidental son pocos y dispares, posiblemente no sean más de 200 en total, a menudo muy breves y lacónicos. Por otro lado, la historia de China es muy poco conocida en Europa, y muchos de los informes que se encuentran en los anales chinos de la época de los Han no han sido traducidos al francés hasta el siglo XX.

Además, en el siglo pasado no existía demasiado intercambio de información entre los estudiosos de disciplinas tan alejadas”, narra el escritor.

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Cuando la estabilidad política disminuyó lo hizo también sus relaciones comerciales: “Cuando esta estabilidad fue imposible de mantener debido a las convulsiones que tuvieron lugar en el siglo III, los viajes de las caravanas, aún más difíciles de llevar a cabo que antes, se fueron reduciendo, hasta desaparecer” creyendo necesario reescribir la Historia:

“La enseñanza de la historia es esencial para la construcción de la memoria de los pueblos. Privar a nuestros jóvenes de este bagaje equivale a cortarles sus raíces e impedirles comprender que ellos ocupan un lugar en una larga cadena que les precede y que tienen el deber de dar a su historia una continuación digna de su pasado. Esto se llama “identidad” y no supone en absoluto una oposición a otras culturas ni un rechazo a las grandes migraciones del mundo”.

Parece lógico pensar que el latinista está en lo cierto, máxime cuando hay aldeas chinas en las que el ADN refleja una relación alta directamente emparentada con el ADN de muchos italianos, quizás derivados de antiguas legiones que visitaron China en un remoto pasado.

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©Andrés Cifuentes
¡Gracias por leerme!

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