Aristeo (“el mejor” o “el guardián de las abejas”).

 Aristeo

Aristeo Aristeo por François Joseph Bosio (1768-1845), Museo del Louvre.

Dios menor de la mitología griega, Aristeo (“el mejor” o “el guardián de las abejas“) era hijo de Apolo y la cazadora Cirene, quien despreciaba el hilado y otras artes femeninas, prefiriendo pasar su tiempo cazando.

Según la mitología griega, la aparición de la apicultura se debe a Aristeo, sobre el que se cuenta la siguiente leyenda:

Edward Calvert (1799 – 1883): Cirene y el ganado (Cyrene and Cattle, 1830 - 1850).

Edward Calvert (1799 – 1883): Cirene y el ganado (Cyrene and Cattle, 1830 – 1850).

Paseándose un bello día en la verde montaña de Pelión Apolo descubrió una virgen de una gran belleza llamada Cyrene, prendado de ella la convenció para seguirle a Libia. En este país construyo una ciudad en su honor a la que llamo Cyrene desposándola y teniendo un hijo con ella al que puso el nombre de Aristeo.

Según las costumbres de los dioses Apolo envió su hijo a las Ninfas para que le alimentaran y le criaran, lo que realizaron con gran esmero.

Las Ninfas le enseñaron el arte de la agricultura y sobre todo de la apicultura.

Cuando Aristeo alcanzo la edad adulta, sintió el deseo de enseñar a los hombres los conocimientos que había recibido de las Ninfas. Con este fin, visito la isla de Kea, en el mar Egeo, donde enseño el arte de la apicultura a sus moradores.

Al parecer la permanencia de Aristeo en la isla de Kea, y su magisterio de la apicultura duró mucho tiempo, dejando a su partida algunos bastardos a modo de recuerdo, y siendo, según la tradición, colmado de honores por los habitantes agradecidos.

Por otra parte los habitantes de esta isla, para honrar la memoria de Aristeo, acuñaron monedas con su efigie.

Apolo

Apolo

Tras abandonar la isla de Kea, según narra el anciano poeta Pindaro, Aristeo se dirigió con el mismo fin de enseñar la apicultura a la Arcadia en el Peloponeso, donde sus habitantes le trataron con todos los honores debidos a u n semidiós.

Un día , cuando descansaba de sus enseñanzas sobre la apicultura, descubrió en su paseo, en un sitio encantador, a la Ninfa Eurydice, esposa de Orfeo. Cautivado por su gran belleza experimentó por ella una gran pasión, como ella rehusó su amor, él intento violarla, pero Eurydice gracias a su agilidad logró escapar, pero en su huida piso una serpiente venenosa que la mordió y causó su muerte.

orfeo

Las Ninfas irritadas con Aristeo que era el culpable de la muerte de su hermana Eurydice, le castigaron matando todas sus colmenas, a pesar de ser consideradas como las protectoras de las abejas y ser llamadas también Ninfas apicultoras.

Para desagraviar a las Ninfas, Aristeo, Siguiendo el consejo de su madre, que había consultado al dios Proteo, guardián de los rebaños de Neptuno, sacrifico 4 bueyes y 4 vacas, tras lo cual las Ninfas se aplacaron inmediatamente e hicieron surgir de las entrañas corrompidas de las bestias nuevos enjambres de abejas, bendiciéndoles incluso para que obtuvieran una abundante cosecha de miel.

Tras esta reconciliación con las Ninfas, Aristeo visitó con el fin de enseñar la apicultura Sicilia, y Tracia, donde griegos y bárbaros le recibieron con los honores reservados únicamente a los dioses, como narra el autor griego Diodore de Sicilia.

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©Andrés Cifuentes
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